Hermanos de sangre


Son las 11 de la noche, otra vez no puedo dormir, mis ojos están cansados y rojizos, mis cuerpo esta exhausto, mi cabeza está agotada, pero cada vez que quiero cerrar los ojos, lo escucho rondando aquí, sus pasos, su respiración, su presencia, a veces escucho sus horribles alaridos, por las noches, cuando el silencio y la obscuridad reinan en todos lados, donde la luz no llega, donde el dolor es un sentimiento tan habitual como hiriente, como las noches sin luna.

A veces pienso que es todo parte de mi imaginación, pero mi hermano sabe bien que no es así, todo empeoro desde el día que desapareció. Vivíamos juntos en un departamento de la vieja cuidad de la Paternal, las noches eran raras, se respiraba un aire espeso e incómodo, como durmiendo en territorio enemigo, las primeras noches, escuchábamos que las cosas se caían, algunas veces encontrábamos rotos los paquetes de víveres que guardábamos en la alacena, pensamos que las ratas de ese lugar tendrían que ser gigantescas, los paquetes de azúcar eran de 5kg, nos quejamos al encargado del lugar, que nos garantizó que no era posible que haya roedores ya que desinfectan antes de la llegada de los nuevos inquilinos, sinceramente pensamos que nos estaba verseando, así que compramos trampas de ratas, muy grandes, y las colocamos cerca de las alacenas y algunas por el piso. Yo durante el día trabajaba de cadete en una agencia de mudanzas y fletes, trabajaba 12 horas haciendo mudanzas, así que por lógica llegaba bastante cansado, solamente pensaba en comer y dormir, no podía vivir, no tenía tiempo para eso, mi hermano por su parte, trabajaba de ayudante de cocina en un restaurant de recoleta, las mismas horas pero con menor esfuerzo y más dinero, teníamos horarios distintos así que no nos veíamos seguido, esa fue una de las razones para compartir el departamento, nos quedaba cerca del trabajo a los dos, y no nos íbamos a cruzar durante el día, eso evitaría que nos matáramos el uno al otro, quiero mucho a mi hermano, pero no podemos estar juntos más de tres horas, siempre fue así.

A la noche del día siguiente, me dormí a las nueve de la noche, algo tarde para mí, a esa hora llega Víctor, mi hermano, lo escuche cocinando, al poco tiempo me dormí, cuando desperté, voy a la cocina a desayunar un poco de té y me encuentro que la heladera estaba vacía, ya que todo lo que tenía dentro estaba en el piso, furioso fui a despertarlo a Víctor.

- Che pelotudo, ¿vos viste el desastre que dejaste en la cocina? – le dije mientras lo agitaba

- ¿Qué te pasa?

- ¿Viste el desastre que dejaste anoche en la cocina?

- ¿Yo anoche no estuve en la cocina?

- ¿Te pensas que soy boludo? Yo te escuche cocinando cuando volviste del laburo

- yo ceno en el laburo, ¿no te acordas?

- Dale no me jodas, vos estabas en la cocina anoche

- Yo vine directamente a dormir, déjame de joder que es re-temprano, dale déjame de joder – me dice mientras se da vuelta y pretende dormir de nuevo

- Bueno te digo por que alguien entro a la cocina anoche y dejo un desastre

- ¿Me estas jodiendo?

- Te lo estoy diciendo en serio, veni fíjate

Fuimos a la cocina y esta vez no podían ser ratas, las ratas no pueden abrir una heladera tan vieja como la nuestra, algunas veces me cuesta abrirla a mí, no podía estar pasando esto.

Tuvimos una larga charla con el casero y con las medidas de seguridad, pero después de las 21 no se le abre la puerta a nadie, solamente entran con llave, y lo más raro es que estábamos en un quinto piso, no podía ser verdad, la ventanas estaban cerradas herméticamente por mí, el clima es fresco a pesar del joven otoño, algo no encajaba, al día siguiente, me dispuse a esperar a lo que sea que nos visitaba a la noche, mi hermano tenía pensado el mismo plan, pero yo no lo sabía, esa tarde llegue a casa y me dispuse a cocinar, cuando el sol caía, me prepare, conseguí un pedazo largo del caño de la construcción de la otra cuadra, el caño era grueso y pesado, de un metro aproximadamente, cerré todas las ventanas y me acosté con el caño a mi lado esperando a el más mínimo ruido, las luces apagadas y las cortinas cerradas, por las cortinas se traslucía el sol que estaba muriendo en el horizonte, que de a poco se iba apagando, a las ocho y media en punto los unos ruidos menores me llamaban la atención, pero no ameritaban mi agresiva aparición, podría espantar lo que sea que estuviera ahí, así que espere con paciencia, se escuchaban, pasos, pero no de zapatillas, las pisadas eran de otra cosa, algo más sólido, como… como pesuñas, caminaba por toda la casa, respiraba muy alto, yo con muchísimo miedo, salí de a poco de mi cama, agarrando el caño con mucha fuerza, llegue hasta la cocina, vi una silueta negra de aproximadamente dos metros, de espalda, la cabeza cubierta de pelo, el torso desnudo, tome el caño con todas mis fuerzas y lo golpee, cae al piso, inconsciente, prendo la luz de la cocina, muy aterrado, lo primero que veo es el charco de sangre debajo del cuerpo de mi hermano Víctor, mi mano soltó el caño que cayó al piso haciendo ruido, cada gramo de mi cuerpo estaba en shock, era mi hermano, no media dos metros, no tenía el torso desnudo ni la cabeza peluda, era mi hermano, con el pelo corto y un buzo gris, como todos los días, no podía ser verdad, no podía ser.

Gire su cabeza y la apoye en mi regazo, sus ojos estaban en blanco y el hueco en su cráneo me dejaba ver su maza cefálica cubriendo mis manos, ni siquiera podía gritar, solamente emitía una especie de cuasi-grito, aspirando el aire hacia dentro, de a poco no podía respirar bien, mis ojos estaban gigantes, no recuerdo haber parpadeado en horas, de a poco mi hermano se fue enfriando, lo envolví en bolsas de consorcio y lo deje a un lado mientras limpiaba la habitación, mientras que en la obscuridad se escuchaban pequeños ruidos, como escarbos, en la noche, eran las diez, la luna estaba en lo más alto, su luz entraba por mi ventaba con las cortinas cerradas, pero mi cabeza se centraba en mi hermano, había asesinado a mi hermano.

El edificio en el que vivíamos era muy antiguo, tenía una caldera enorme en el subsuelo, que era donde dormía el casero, el viejo Jorge, tenía setenta años y estaba casi sordo, un casero inútil, ya que sin oído era lo mismo que nada, baje a visitarlo, la caldera estaba apagada, el dormía en una vieja cama, yo estaba aturdido por mis nervios, transpiraba a pesar de los ocho grados que castigaban la cuidad en un crudo y joven otoño; subí a mi cuarto, tomando el carro de cargas del subsuelo, lo entre a mi habitación, mi hermano envuelto en bolsas era demasiado pesado, tendría que llevarlo en partes, lo lleve a la ducha y comencé a cortarlo con una vieja sierra que tenía guardada, primero la cabeza, luego los brazos, luego las piernas, luego el abdomen el cual era demasiado largo, tendría que cortarlo por la mitad, nunca antes había cortado huesos, no sabía que era tan difícil, mi corazón latía tanto y tan rápido que pensé que iba a salir expulsado por mi boca, tarde aproximadamente una hora, que para mí parecieron diez, miraba para atrás a cada rato, con el terror que alguien entre por la puerta y me vea descuartizando a mi propio hermano, mi misma sangre, mi misma sangre mancho el piso de mi departamento, mis cuerpo, mi ducha, mi cabeza y mi psiquis.

Mi hermano ahora está en pequeños paquetes, envuelto en bolsas, lo subo al carro, abro la puerta, salgo al pasillo para asegurarme de que no haya nadie, llevo mi caño conmigo, en efecto, no hay nadie, se escucha a el casero dando vueltas por el piso de arriba, tengo que apurarme, cuando cierro la puerta lo veo, veo la figura de lo que ronda en mi departamento, con el torso desnudo, la cabeza cubierta de pelos, como sus piernas y sus pesuñas, abro los ojos como dos pequeños círculos, mis pupilas se dilatan, me corre un escalofrío por todo el cuerpo, ya no hay vuelta atrás, eso lo arreglare más tarde, bajo por el asesor de servicio, hasta el subsuelo, la caldera esta prendida, se nota por el calor del piso, entro al cuarto de la caldera, la pongo al máximo y de a uno meto los paquetes negros, que de a poco se van consumiendo, el olor es horrible, pero sale directamente a la calle, me paro detrás dela puerta con el caño en manos en caso de que entre alguien, mientras se carbonizan los paquetes, esto tarda más de lo que imagine, la puerta no se abre y no se escucha nada afuera, las bolsas se pegan a la carne como una nueva capa de piel color brea, miro las partes y pienso, escucho al conserje acercarse, cierro la caldera, y me oculto en lo obscuro, con el caño en mis manos, con mi cara deforme por todo lo ocurrido, refriego el caño contra mis manos, listo para actuar, el viejo entra y se vuelve a acostar, apaga la luz, la caldera ilumina la pequeña habitación, de a poco y lentamente, salgo de ahí, tomando un hacha que estaba junto al matafuegos, tiro el caño en la basura y me dispongo a enfrentar sea lo que sea que este en mi departamento, lentamente subo por las escaleras, no quiero que advierta mi presencia, de a poco con el hacha en mis manos, con los nervios rotos, con la mirada perdida, con el corazón en la garganta, con el miedo en la punta de todas las partes de mi cuerpo, llego a mi piso.

El camino del pasillo hacia mi habitación es alarmantemente largo, mis pasos son cortos y dudosos, con miedo pero con ganas, ansiedad y terror, temblando de la excitación, un poco demente, pero la demencia no entra en este momento, o tal vez es todo producto de ella, abro la puerta y prendo la luz con el brazo, sin entrar, prendo todas las luces y cierro todas las ventanas, no hay nada, solamente sangre, en el piso de la cocina y un camino de sangre que da hacia el baño, el camino que había hecho yo mismo, comienzo a limpiar, con el hacha siempre a mi lado, en el otro lado de la habitación se escuchaban pequeños ruidos, mis ojeras eran enormes, mi cara era horrible, con un trapo de piso limpiando las paredes de la ducha, arrodillado, con el hacha en mi mano derecha, los ruidos comenzaron a ser más y más constantes, el suelo estaba cálido, tibio y agradable, me dio una sensación reconfortante, como un suave abrazo de mujer, las luces se apagaron, y escuche los pasos, las pesuñas pegando contra el piso, tac, tac, tac, tac.

Giraban alrededor de la casa, había ruido de bolsas, cuando lo escucho lejos, salgo lentamente del baño, transpirado y con los ojos lagrimeando, lo veo de espaldas, la ventana está abierta, de a poco me acerco, se da la media vuelta y me mira, camina hacia mí, tiene la cabeza de una cabra, es gigantesco, se acerca lentamente, tac, tac, tac, tac… tomo el hacha con las dos manos la levanto en el aire y corro hacia él, con todas mis fuerzas la lanzo contra la bestia, que desaparece como si fuera polvo, el polvo negro cae y se desvanece en el aire, el hacha impacta sobre el piso de parque flotante haciendo un hueco enorme, el grito de los vecinos de abajo no se hace esperar, saco el hacha del piso, la tomo con mis dos manos y me doy vuelta, esperando encontrarlo nuevamente, en el piso de abajo se escuchan ruidos, la gente se despertó, pero no me importa un carajo. Sigo a la expectativa de él, de que se muestre, comienzan a escuchase sus pesuñas por el baño, voy corriendo y lo veo parado dentro del baño, con toda la fuerza de mis manos quiero pegarle con el hacha y nuevamente se desvanece en el aire, el hacha impacta sobre el inodoro, rompiéndolo en pequeños pedazos, el agua comienza a salir, escucho sus pesuñas en la habitación de mi hermano, se desvanece y el hacha impacta sobre el placar de madera haciendo un enorme agujero, los vecinos golpean la puerta como locos, gritando, quejándose, pero no voy parar hasta encontrar a ese hijo de puta, lo escucho en la cocina nuevamente, lo veo parado frente a la ventana, al tratar de golpearlo, rompo la ventana cortándome con un vidrio el antebrazo derecho, sangraba a borbotones, pero no me importaba, la bestia estaba detrás mío, me miraba y respiraba, tenía los antebrazos tatuados, alumbrado por la luz de la luna se podía ver claramente, tenía un pentagrama en la frente, una estrella de cinco puntas dentro de un circulo, baje el hacha un segundo y lo mire fijo.

- ¿Por qué estas acá? – le pregunte

No contesto

- ¿Por qué me hiciste matar a mi hermano?

No contesto, solamente se limitaba a ver, parado frente mío, sus cuernos eran largos y ondulados, daba terror, pero a esa altura no me importaba más nada, era demasiado tarde, las sirenas de la policía se escuchaban debajo del edificio, yo lo miraba fijamente, el respiraba fuertemente, mirándome, parado, tranquilo, con una de sus manos me toco el pecho, sentí un gran alivio, como un calor maternal, mi cabeza comenzó a bombear sangre cada vez más rápido, mis ojos se desorbitaban, mi cuerpo temblaba, salía poco a poco sangre por boca, cada vez más, con lo poco que me quedaba de fuerza tire un hachazo hacia él que se desvaneció frente a la puerta, mientras caía al piso vi la puerta romperse, unos policías entraban, cuando impacte el suelo, comencé a perder sangre por la boca, prácticamente la vomitaba, hasta perder conciencia.

Me desperté en un hospital, a la noche, no sé ni qué hora es ni qué día, solamente sé que es de noche y las luces están apagadas, comienzo a escuchar ruidos a lo lejos, detrás de la puerta que está a mi derecha, unos pasos se acercan a lo lejos, no puedo mover un musculo, tengo suero corriendo por mi cabeza y brazos, solamente tengo fuerzas para mover los ojos, indefenso, frágil, impotente lo espero, camina y camina, va y viene, como buscándome, finalmente se abre la puerta, agacha la cabeza para pasar por la misma, se acerca, puedo ver su silueta, pone su mano en mi pecho, cierro los ojos, y es de nuevo ese calor tan agradable, mis ojos se desorbitan y la sangre fluye de a poco por mi boca, como mi último encuentro con él, comienzo a ver cosas, lo veo mi hermano, cuando nos abrazábamos, cuando reíamos, cuando hablábamos, cuando me consolaba, cuando yo lo consolaba a él, puedo sentir las tibias lagrimas saliendo por mis ojos, que ya no pueden ver nada, mi corazón palpita más rápido, el tibio calor de su mano en mi pecho comienza a quemar, más y más, la imagen de mi hermano comienza a pasar más rápido, cuando éramos niños, mis cumpleaños, los de él, la escuela, nuestras peleas, el con el cráneo roto en mi regazo, todo se apaga de a poco, el pecho me arde, es lo único que siento, pero de a poco esa llama se va apagando más y más, esfuerzo por abrir los ojos y veo a la bestia saliendo por la puerta, con mi último aliento digo “Gracias” se da la vuelta y me mira un segundo, luego cierra la puerta.

Nec


Escrito por: nec (2011-09-16)


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