Todos los absurdos en un solo escondrijo


Todos los absurdos en un solo escondrijo

Estaba yo atormentado por un sueño en el que un cocodrilo como de siete metros, era llevado en el mar por una tribu de hombres de raza negra. Y Yo iba también con ellos y me espantaban las cuerdas con las que habían sujetado al animal. Y En un bote delante de las fauces del reptil dos hombres lo llevaban dominado por la mandíbula y en el agua cuatro más incluido yo los acompañábamos. Y de un momento a otro el cocodrilo se liberó de sus ataduras. Y partió en dos la barca. Me desperté cuando el animal se aproximaba con su tamaño muy superior a mí. Y me di cuenta de que tenía que trabajar. era Día 11 de junio del año 20…
¿Cómo estás Lou? –Pregunté amablemente al ingresar al cuarto de interrogatorio a la vez que miraba sus ojos.
Bien –Respondió Lou mientras lanzaba un vistazo al suelo.
¿Alguna afición? –Curioseé, mas su cara no pareció entender mi pregunta- ¿ver películas? ¿Escuchar música? ¿Leer?
Yeah –respondió Lou con voz amable e inclinándose sonrío- todo.
¿Qué clase de música escuchas? –Inquirí a la vez que apuntaba algunas de sus respuestas en una libreta.
La música de viejos –indicó Lou y observó a su izquierda- David Axelrod, Roy Orbison, Elvis, música de saxo.
¿Tocas algún instrumento? –examiné con voz tranquilizante, al tiempo que dejaba de apuntar para prestar más atención.
¡Tocaba hace ya Un montón de años atrás! –Exclamó con una carcajada- cuando estaba en el high School.
¿Qué instrumento tocabas? –Indagué con interés por sus gustos.
Saxo –Alegó Lou, mientras se movía en su silla.
Me agrada el saxofón –dije- en especial cuando lo tocan bien.
Bien –dijo Lou con una sonrisa.
¿Qué profesión ejerces? –curioseé.
Estoy retirado –respondió el hombre- pero fui policía de tránsito en las vegas.
Hablando de zanahorias cuadradas. ¿Sabes el motivo por el cual estás aquí? – Pregunté.
Supongo que por la evaporación de mi hija –Respondió Lou.
Si –dije- ¿Qué me puedes decir sobre Cate?
No lo sé –dijo Lou sin agitarse- conozco lo mismo que ustedes. La vi salir hacia el trabajo y se esfumó, no volvimos a saber de ella. La explicación de Lou era, en parte, verdadera. En mis quince años como investigador escuché a gente decir cualquier cantidad de idioteces. Pero él parecía ser del tipo de hombre casi incapaz para mentir, excepto por un detalle... Prácticamente, todo sobre lo que estaba al tanto de Lou era relacionado con la compra de su casa en nueva Inglaterra. La cual habían adquirido su esposa y él, Coincidentemente, antes del nacimiento de su hija Cate. Y al cumplir dieciocho años, entró a trabajar como secretaria del Dr. Max Gutreiman en un edificio de la ciudad. El hospital era de cuatro pisos y estaba abrumado por toda clase de especialistas en el campo de la salud humana. Doctores internistas, psiquiatras, nutricionistas, masajistas, pediatras, geriatras. Este último distintivo era el del Dr. Gutreiman. Quien fue jefe de cate por trece meses. Y según supe. Era un hombre reservado Y que no trascendía de lo laboral con nadie. Ninguno de sus empleados conocía a sus familiares ni amigos. ¿Aunque, cómo iba a ser sospechoso de la desaparición de Cate Ellis?... El interior del hospital era de color blanco y azul. Y En el segundo piso se veía al final de un pasillo, un consultorio que era del Dr. Max. Unas sillas aderezaban el pasadizo en las cuales me senté a esperarlo.
A si si –me dijo Max tranquilo detrás de un escritorio- ¿cómo ha seguido la investigación?
No puedo dar detalles del procedimiento –Respondí de forma rígida en mi silla- ¿Cate frecuentaba algún sitio después de salir del trabajo?...
Y en ese preciso instante, uno de los retratos del consultorio giró en 360 grados.
¡Hijo de puta! –Dije, frenéticamente, asustado y me levanté de la silla- ¿es un temblor? Y en lo que decía esto, la lámpara del cielo raso, explotó y decenas de vidrios se nos incrustaron a Max y a mí. Todo mi brazo izquierdo estaba lleno de sangre por los vidrios. Y sin embargo en el transcurso de que nos atendía otro doctor y Susa no dejaba de preguntarle a Gutreiman si ya se sentía bien, logré sacarle información.
Los padres de Cate y su hermana son toda la familia que tiene –dijo el Dr.- es una buena amiga mía. También dijo que un día en que Cate entró a trabajar comenzaron una serie de fenómenos como el de la lámpara. Floreros caídos, falta del fluido eléctrico, registros que se desplazaban solos, y sonidos de detonaciones. Una computadora que se movía por la mesa hasta caer al suelo. Un escritorio que terminaba en medio de la clínica.
¿Me explico? –Preguntó Max con mirada atenta.
Sí, claro –respondí.
Esa noche mientras dormía, fui levantado de mi cama hasta tocar el techo de mi casa. Tiré al aire un golpe y me descendieron hasta mi colchón. Me volví a dormir y entonces escuche un sonido como de un riachuelo y me levantaron lejos de mi tálamo y de toda la seguridad del piso de cerámica. Sentía como si me fueran a devanar los sesos. No podía retroceder ni avanzar. Una vez que me dejaron acostarme. logré mover los labios. Y por supuesto, ¿cómo iba a decidir no ponerle fin a la investigación?
¿Cómo va todo? –le pregunté a Lou al entrar por segundo día en el cuarto del interrogatorio-.
Bien –respondió Lou en tono jovial.
Lou –dije y deslicé una hoja de papel por la mesa- ¿puede dibujar como iba vestida Cate el día en que desapareció?
Seguro –respondió el hombre y tomó el lápiz y la hoja de papel.
Ella iba así –dijo Lou al tiempo que me enseñaba su dibujo.
Lou -dije de pronto – ¿tiene usted que ver con la desaparición de Cate Ellis?
Se quedó en silencio…
No –respondió a la vez que se rascaba las manos.
Lou, no sé, pero hoy estoy convencido de que usted es culpable de que Cate haya desaparecido –dije- ¿tiene que ver con que Cate no haya sido vuelta a ver?
Umju –dijo entre dientes mientras movía la cabeza de arriba abajo.
¿Puede ser hallada con vida aun? –pregunté con voz suave.
No –respondió Lou con voz apenas perceptible.
¿En dónde está? –Inquirí al tiempo que le daba una caricia en la rodilla.
Ella era extraña –dijo Lou irguiéndose lentamente en la silla- movía cosas y era potencialmente peligrosa para nosotros, tu sabes. Era ella o nosotros.
Tranquilo –le dije con voz casi hipnótica- ¿en dónde está?
Enterrada, en el jardín de nuestra casa de campo –Respondió rascándose rápidamente la cabeza.
¡Entonces eres culpable! –dije cortantemente... Un informe detallaba (ya que a mí no me era permitido ir al lugar de los hechos) que entre un bosque se había encontrado enterrado un cuerpo, concerniente a cate Ellis el martes 13/06/20… muerta por estrangulamiento. Y es que tal vez no había mejor forma ante los ojos de Lou de matarla. La cercanía del estrangulamiento se consideraba como un castigo que no quedaba a la zaga de una correctiva con una faja, o de una bofetada propinada a una hija insolente. Posiblemente, Lou tenía vocación de artista, un artista de lo macabro. Eso explicaba las cicatrices que cate tenía en partes de su cuerpo.
Hijo de puta –grité mientras me arrastraban de mi cama hasta el aire- vete de aquí. La figura se encontraba en un rincón de mi habitación y no tenía temor de ser vista. Era más negra que la oscuridad de mi cuarto. Claro que, fuese lo que fuese me superaba en fuerza y en voluntad.
Merta –Dije sin poder mover mis labios. Mi cintura casi se partía en dos. Unas lágrimas me bajaban hasta mí corazón. Así de encerrado me tenía en mi cuerpo. Y no sabía cómo soltarme de sus cuerdas como de pesca. Ni cómo alejarlo. Tampoco estaba enterado de sí era humano o uno de esos seres de malos relatos de ciencia ficción. Pero le temía. Nunca antes había sentido temor. Esta es la palabra justa. Era la esencia del recelo, sin gusto. Oscuro y destructivo, Malo de corazón. Casi, Todos los absurdos de la vida reunidos en un escondrijo.
Suetem –dije pero aun me era imposible mover mis labios. Y en ese preciso instante, escuche que una pintura al óleo comenzó a girar en 360 grados sobre la pared de mi cuarto.
Vete en el nombre de Jesús –dije apenas pude moverme acordándome, lentamente, de mi fe- él es el rey de reyes y el señor de señores.
¿Que Es qué? –preguntó la figura con voz como de rata. Estaba yo consciente de que aún podía ponerle solución a los acontecimientos. Y me volví a refugiar sobre mi cama. Y cuando todo se calmo dio inicio el terror. La figura comenzó a dejarse ver. Sus cabellos eran como plumas de pájaros. Sus ojos como la noche y con un gesto que denotaba la falta de vida dijo:
Soy cate –dijo.
Vete –le dije.
No deseo hacerle daño –dijo Cate- solo es mi forma de expresarme.
Dios sabe en su criterio que no les miento. Y esto aconteció. Aunque no sé como las posibilidades de supervivencia se decantaron a mí favor. y puedo seguir sirviéndoles.


Escrito por: Rubinska (2010-07-16)


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1  
Un cuento bien estructurado, destaco todo, me pareció genial todas la escenas, y las imágenes nunca se pierden. Una pluma muy interesante...

2  
Guauuuu... ! ! Estremecedor... surprised

3  
simple: una genialidad. me has, realmente desconectado.





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