11 Historias Capitulo 01: Amor y venganza (parte 1)


Cafetería de la universidad.
Federico y Ana una joven pareja de enamorados conversan mientras comen algo.
— ¿entonces esta tarde tienes trabajo? — le dice ella con una expresión de rareza.
— así es, ¿Por qué pones esa cara? — le pregunta sonriéndole.
— es que no eres… precisamente trabajador, Federico — sonríe y bebe de su refresco.
—Ana, no seas tan dura con…bueno, debo aceptar que tienes razón, no me caracterizo por ser el más trabajador, pero… necesito dinero, ya pronto se viene la fiesta de fin de año y quiero comprarme un traje, unos zapatos incluso quiero comprarte algo a ti, mi amor. — le dice.
— Vamos, no es necesario que me compres nada, no te preocupes por eso.
— De todas maneras, es algo que quiero hacer, por es busque en el periódico y encontré ese anuncio que decía que se necesitaba limpiador de piscina, entonces llame y pues me dijeron que valla hoy en la tarde.
— ¿y tu sabes limpiar piscinas? —le pregunta sonriendo.
— Mmm… pues no, pero ¿Qué tan difícil podría ser? — contesta.
— ¿Y donde es? — pregunta ella.
— En una zona muy exclusiva de la ciudad, en Las Gardenias de Santo Domingo.
—Vaya, ese lugar es muy bonito, he escuchado que muchos políticos viven por ahí.
— Si, también yo, ya te imaginas cuanto me pagarán por limpiar una piscina unas cuantas veces.
— Me lo puedo imaginar. ¿Hablaste con los dueños? —preguntó mientras terminaba su bebida.
— Si, hable con la señora, ella fue la que me dijo que vaya hoy mismo, al parecer necesitan alguien que limpie la piscina urgentemente.
— entonces te deseo suerte, aunque estoy segura que lo harás muy bien, de eso estoy segura. — le sonríe y se levanta. — bueno, ahora tenemos que regresar a clases, vamos. — le dice.
— Si, vamos, tengo que salir a exponer, ¡como odio eso!
— Vamos, ya deja de quejarte, Federico.
Más tarde ese día.
Federico llega a la enorme casa donde tenia que trabajar de limpiador de piscinas, una empleada lo atiende a través de la enorme reja del jardín.
— buenas tardes, joven. — saluda.
— si, buenas tardes… yo soy el que viene a limpiar la piscina, me llamo Federico Carrión. Hable con la señora Claudia ayer en la mañana. — dice algo nervioso.
— si, ahora mismo le abro. —le contéstala empleada buscando entre sus llaves.
Después en el interior de la casa, La empleada se dirige con Federico a la piscina que estaba en la parte trasera de la casa.
— Es una casa muy bonita — dice Federico — es muy elegante también.
— Si, la señora le da muchísima importancia a los detalles y al decorado, justamente mañana tiene una reunión social aquí, y por eso necesita la piscina limpia lo antes posible. ¿Crees que podrás hacerlo antes de mañana en la tarde? — le pregunta.
— ¿Estas bromeando? — le dice con expresión de rareza — ¿que tan difícil puede ser limpiar una piscina? — contesta.
— ¿no entiendo? — la empleada se detiene frente a el — ¿No haz hecho esto antes? — pregunta con una mirada sospechosa.
— No, no me malinterpretes… — dice algo nervioso —… es que lo que quiero decir es que… no es difícil, es un trabajo al que ya estoy acostumbrado, y pues claro que estará para mañana, es más ahora mismo estará limpiecita, si.
— Ok, — le dijo la empleada y siguieron caminando, aunque esta lo miró algo extrañada.
Entonces llegan a donde estaba la piscina.
La expresión de Federico cambio rotundamente al ver tal piscina, no se imaginaba que sería tan grande.
— Bueno, aquí te quedas, Federico, comienza a trabajar... aunque veo que no trajiste nada…bueno, las herramientas están en ese cuartito de allá — dijo la empleada señalando.
— he… si, la señora me dijo que ella tenia todo lo necesario, asi que…
— bueno, comienza de una vez, cualquier cosa yo estoy dentro, en la cocina, me llamas.
— ok…. ¿y ahora que hago? — pensaba Federico.
Federico se dirige a la pequeña bodega y saca algunas cosas para limpiar la piscina, muchas de esas cosas ni las conocía.
Más luego.
Mientras Federico usaba una especie de red para recoger las hojas secas de la piscina es observado a lo lejos por la Sra. De la casa, quien se encontraba en una de las terrazas del 2do piso.
— ¿pero que hace este muchachito? — se preguntaba.
La señora decide bajar y dirigirse a la piscina.
— Se supone que debes drenar la piscina, luego limpiar las hojas y después limpiar las mayólicas. — dice la señora acercándose a Federico.
— He… buenas tardes señora… yo…— Federico se pone nervioso, pero a la vez se sorprende al ver a la señora ya que no era como se la había imaginado al hablar por teléfono.
— ¿te pasa algo? pareces asustado — le pregunta.
— no… es solo que… me sorprendió, estaba concentrado y bueno…
— Te decía que primero tenias que drenar la piscina, así es más fácil, el antiguo limpiador de la piscina lo hacia así. Me parece extraña tu forma de trabajar.
— si, es que… de esta manera… no se van hojas por la cañería y se evitan daños posteriores. — contesta Federico.
— ¿y la maya de seguridad para que es entonces? —pregunta.
— bueno… yo solo…
— vamos, no hay que ser un genio para darse cuenta que no tienes la más mínima idea de que hacer…
— no, es solo que…
— pero descuida, te ayudaré.
— yo… ¿Qué? ¿Me ayudara? — Federico se sorprende.
— Si, ya estas aquí, y por alguna razón ningún limpiador esta disponible antes del sábado y yo necesito esta piscina reluciente ya mismo, así que ahora de todas formas tienes que limpiar la piscina.
— Ok, pero yo si se limpiar piscinas…— insiste.
— vamos, muchacho, pensé que al menos traerías unos pantalones cortos para cambiarte y no has traído nada. Amenos que te metas a la piscina con esos jeans. — le dice acercándose.
— ¿Cómo? ¿Pantalones cortos? —pregunta confundido.
— Debes meterte y destapar la tubería del fondo… — lo mira y sonríe.
— he… si, lo que pasa es que estos pantalones son…
— ya, no inventes cosas, ahora te traeré unos Shorts de mi esposo, espera aquí.
La señora se mete a la casa.
Federico se queda pesando.
— Parece una señora muy amable, siempre escuche que las señoras de dinero eran creídas, prepotentes, pero ella se ve… al menos a simple vista, muy amable… aparte de que es muy guapa, tendrá máximo unos 37, no parece de más edad. En fin, al menos no me botó. — pensaba.
Unos instantes después.
—Creo que estos shorts te servirá,....me dijiste que te llamabas Federico, ¿verdad? —le pregunta dándole los shorts.
—Si, gracias por los shorts, me cambiaré ahora mismo…— se dirige entonces a la bodega para cambiarse.
Más tarde Federico ya había drenado la piscina y estaba limpiando las mayólicas.
— ¿entonces es una fiesta muy importante, verdad? — le pregunta a la Señora que estaba mirándolo trabajar parada en una orilla de la piscina.
— si, mi esposo cerro un trato muy importante con unos inversionistas italianos, asi que haremos una fiesta para festejar ese gran logro.
— ¿y que hace su esposo? —pregunta.
— Es el presidente de una corporación exportadora e importadora, es una de las más importantes del país.
— Vaya, por eso yo estudio administración de empresas, quiero algún día ser dueño de mi propia empresa.
— ¿estas en la universidad? — le pregunta la señora.
— Si, ya me falta un año y la termino.
— ¿Entonces trabajas para pagar tus estudios?
— mmm… para serle sincero no, mis padres me paga los estudios, gracias al cielo ahorraron mucho cuando yo era más pequeño.
— la importancia de ahorrar, ¿cierto? —le dice. — ¿entonces por que acudiste a mi solicitud de un limpiador de piscina? —le pregunta.
— Pues ya pronto será la fiesta de fin de años, y abra una fiesta en la universidad y quiero comprarme un traje y unos zapatos. Por eso estaba buscando un trabajo que me ocupe las tardes, ya que en las mañanas no podría.
—Entiendo, es bueno que quieras trabajar.
— bueno, creo que ya casi termino con esta sección ¿Qué le parece? —le pregunta.
— Pues… veo que hiciste un buen trabajo, Federico, dejaste muy bien las mayólicas, pero aun te falta mucho. ¿Crees que terminaras para mañana en la tarde?
— mañana es sábado, y no tengo clases, así que si no acabo hoy podría venir mañana temprano.
— eso me parece bien. — le dice con una sonrisa en el rostro.
Esa noche Federico habla por teléfono con Ana.
— Entonces se dieron cuenta de que no eras un verdadero limpiador de piscinas.— le dice ella.
— Si, pero menos mal no se enfadó y me votó, al contrario, me explico muy bien como hacerlo, pero de todas maneras no termine el trabajo, debo regresar mañana temprano para acabar de limpiar las mayólicas, y llenar nuevamente la piscina. — le cuenta.
— ya veo, ¿y la casa era muy bonita? — pregunta.
— desde luego que si, era gigantesca. Ya sabes como son esas casas, tenían un fantástico decorado, algún día viviremos en una casa igual.
— eso seria fantástico. Pero para eso tendremos que trabajar muchísimo.
— Si, pero algún día tengo que vivir en una casa igual a esa.
— ¿en la tarde si estarás libre, no? Recuerda que tenemos que ir a casa de Fiore, nos invitó a su fiesta.
— Si, claro, deje más de la mitad del trabajo hecho, así que en la tarde iremos.
— bueno, entonces nos veremos mañana, me llamas. Chao, amor.
— Chao, muchos besos para ti.
Cortan.
Al día siguiente Federico termina el trabajo en casa de la señora Claudia.
Un gran alboroto había en el lugar muchos empleados estaban de aquí para allá arreglando y decorando la casa para la fiesta de esta tarde.
La señora Claudia estaba cerca a la piscina con Federico.
—Bueno, creo que esto ya está. Ya casi se llena nuevamente. — dice orgulloso de haber terminado.
— Pues si, hiciste un buen trabajo, Federico. Sabía que lo harías. —le contesta sonriendo.
— Debo decir que no pensé que quedaría conforme, Señora, pero me alegra que le guste lo que hice.
— bueno, cámbiate y espérame en la sala esta en ese pasadizo, de frente a la derecha, no te perderás, iré por tu paga. — le dice y se va.
— ¡bien! — dice en voz baja. — Mi dulce paga, — sonríe y se dirige a l bodega a cambiarse.
En la sala un rato más tarde.
Federico contemplaba la enorme y elegante sala de la señora, jamás había estado e un lugar así de enorme y elegante, el lugar estaba decorado para una gran fiesta de gala, había muebles bellísimos, incluso Federico temía sentarse en ellos, muchos cuadros, y jarrones decoraban perfectamente la sala. Federico se paseaba contemplando los cuadros y las estatuillas que había por ahí.
— Quise que mi sala estuviera decorada al estilo Luis xv, siempre me gustó esa decoración. Parece que también te gusta.
La señora Claudia se acerca y sorprende a Federico.
— He… si, es muy bonita su sala, toda la casa en general… tiene buen gusto, señora. —le dice algo nervioso.
— Gracias, me alegra que le guste… ten,— le da un sobre — es tu paga.
—Gracias, señora — toma el sobre. — cuéntalo si deseas.
— No es necesario, señora.
— Te puse algo más, por haber trabajado duro.
— no era necesario, señora, de verdad que no lo era… yo…
— vamos, trabajaste duro y lo hiciste bien, siempre compenso a quienes trabajan duro y lo hacen con verdadero interés. Además demostraste que querías aprender, eso me agradó.
— Bueno, gracias, de verdad.
— no, gracias a ti. —le contesta con una sonrisa y mirándolo fijamente con una expresión claramente seductora.
— he… creo que… ya debo irme — Federico se puso nervioso.
— si, entiendo… he… quiero que me dejes tu numero…
—¿mi numero? —preguntó
— si, dijiste que necesitas algo de dinero extra, y yo necesito algo de ayuda extra para algunas cosillas, pensé que quizás podría llamarte, por su puesto solo si tienes tiempo en las tardes.
— Si, le daré mi número.
Esa noche en la fiesta de Fiorela.
Federico bebe unas cervezas con sus amigos Jorge, junior y German en el pórtico de la casa.
— ¿Qué quieres decir con eso? — le pregunta Germán, uno de sus amigos mas cercanos.
— Como lo escucharon, creo que le gusto a la señora para la que trabajé hoy. — menciona.
— Vamos, ¿Qué posibilidades hay de que esa señora se fije en un chico como tu? — dice Jorge.
— Bueno, bueno, — agrega Junior, también amigo de Federico. — Mi primo una ves estuvo saliendo con una señora mayor, una señora muy adinerada. El me dijo que esas señoras gustan muchas veces de jovencitos dispuestos a todo, y ya saben que mi primo es un loco.
— Si, se que se dan casos — le contesta Germán — ¿pero cuantas posibilidades hay que le pase a Federico? —Lo mira —Creo que estas exagerando, Federico.
— Mira, te aseguro que no exagero, esa señora me dio unas miradas… no se como calificarlas…
— ¿Insinuantes? — Junior termina la frace.
— ¡Eso es! —Exclama Federico — eran insinuantes. Una cosa es ser amable y sonreírle a las personas, pero esas miradas que me daba su sonrisas, créanme, se cuando una mujer esta coqueteando.
— A lo mejor es su forma de ser… ¿no dijiste que era una señora sensual? Las mujeres sensuales son asi, como la hermana de Junior. — Comenta Jorge riendo.
— ¡¿Qué te pasa animal?! — Dice junior a Jorge
— Vamos, estoy bromeando, no te enfades — bebe.
— Bueno, sabemos que las mujeres sensuales…como la hermana de Junio…— dice germán
— ¡hey! Ya estuvo ¿no? ¡Párenla ya! — junior interrumpe.
— jejeje… de acuerdo, dejemos a la hermana de junior a un lado, aunque debes aceptar que tu hermana es sexy… — dice german.
— ¡Váyanse al infierno idiotas! Iré por más cervezas. — Junior se va algo enfadado.
— en fin, las mujeres sensuales son así, no confundas las cosas, amigo.
— si, — agrega Jorge — mejor ya deja de pensar esas cosas.
— Bueno, yo solo digo que no es imposible que una señora de ese porte se fije en un chico guapo como yo. — dice alardeando y bebiendo.
— jajaja… no te creas mucho, amigo, no eres tan guapo, siemre me pregunté como lograste que Ana se fijara en ti.
— si, eso es algo que a todos nos causa una gran curiosidad. — dice Jorge.
— ¿Ah si? Solo están celosos por que sus enamoradas son unas vacas gordas. — ríe.
— ¡Hey! — exclama Jorge. — Susana no esta gorda… solo es algo fuerte, eso es todo.
Sonríen y beben un poco.
— En todo caso, como dijo junior…
Jorge es interrumpido por Junior.
— ¿yo que?
— Decía que es verdad que muchas veces las señoras mayores y adineradas buscan jovencitos idiotas a quienes absorberles la juventud.
— Si, mi primo me dijo que cuando iba al club con esa señora muchos jóvenes de su edad le contaban que solo estaban con esas viejas por su dinero, incluso mi primo le pudo sacar a esa vieja unos cuantos miles, una moto, una súper computadora, ropa de marca… — dice Junior.
— Carajo, tu primo si que es un prostituto. — dice Jorge riendo.
— Pues no hay otro nombre, ¿no? — agrega Junior. — pero al menos saco provecho.
— Deberías hacer lo mismo, Federico. — Le dice Jorge.— aprovecha que al parecer le gustas a esa vieja y sácale algo bueno. Un nuevo equipo de sonido… una moto… no lo se.
— No, claro que no, ¿creen que cambiaria a Ana por esa señora? Esta bien que la señora Claudia sea muy sensual, pero… vamos, no se compararía con Ana, ella es al menos 20 años menor. Y por cierto, ¡no comenten esto que les conté con nadie, he! Ni con sus enamoradas, ni con ninguna persona. Ya saben como es Ana, si se llega a enterar que la señora Claudia es como es pues…. No me dejará regresar, y pues con lo que me pagó hoy, dios sabe que tengo que regresar, no importa si me hace limpiar su baño. — Dice Federico enérgicamente — ¡ahora silencio que ahí viene ella!
Ana se acerca.
— ¿Qué hacen aquí afuera, chicos? — pregunta.
— Pues aquí tomando aire… y unas cervezas. — Dice Junior.
— ¿Por qué no pasan? Vamos, Federico bailemos un poco. — le dice tomándolo del brazo.
— De acuerdo, preciosa, vamos.
— ¡pisado! — le gritan sus amigos, riéndose mientras este se va con Ana.
— Ya regreso, no sean burlones… — contesta este.
Una semana más tarde en la universidad.
Ana y Federico hablan en las gradas del campo de futbol.
— Entonces le dije a Mirna que no podría ir con ella, medio que se amargó. — le dice.
— si, ella es muy resentida, la otra ves le dije que su nuevo color de cabello era algo… —entonces su celular suena. —… un momento. — dice y contesta.
Era la señora Claudia.
— Hola, señora, Claudia…
— Hola, Federico — le dice. — te necesito esta tarde, ¿crees que puedas venir?
— Si, no hay problema, señora, a las 2:00 salgo de la universidad, iré a almorzar y…
— nada de eso, nos vemos en la Av. Corenma # 123, hay un restaurante ahí, cenarás conmigo y de ahí quiero que me acompañes a una reunión que tengo con unas amigas para acordar unas donaciones a nuestra ONG.
— Ok, esta bien, señora. — le dice.
— ¿mides 1.70 verdad? —le pregunta.
—1.73 ciertamente…jejeje… ¿pero que tiene que ver? — pregunta extrañado.
—Creo que uno de los trajes antiguos de mi esposo te quedara bien…
— ¿Qué?
— No importa, solo no llegues tarde, a las 2:30 te quiero ahí, el Restaurante se llama, “Tus Delicias” ¿ok?
— Si, si, no se preocupe, Sra. Hasta luego.
— hasta luego, Federico.
Cortan.
— ¿Otra ves tienes que ir con la señora esa? — dice Ana con una expresión seria.
— Si, quiere que al acompañe a una reunión que tiene con unas amigas de su asociación, ¿ya te había contado?
— ¿De su ONG? Si, me contaste la otra vez. ¿Y sabes? No se bien a que vas tu.
— Ya te dije, le ayudo con algunos números, me sirve eso, también le ayudo a cargar algunas cosas, y me paga bien.
— Lo se, pero es que a veces quiero hacer algo contigo en las tardes y no estás. Por ejemplo ahora, quería que fuéramos al parque de los enamorados, me dijeron que estaba muy bonito y que hoy abría un espectáculo callejero. —le dice con una expresión de Decepción.
— Hay, amor — la toma de las manos — Es que así es cuando uno trabaja, ya sabes como es, me puede llamar la señora en cualquier momento y pues… no es un trabajo complicado, excepto por el hecho de verte menos, pero si regreso temprano te juro que iremos. — le dice dándole un beso.
— ¿de verdad? ¿Pero a que hora regresaras? Siempre que vas con la señora llegas muy tarde a casa y pues… sabes que a mi madre no me deja salir a muy altas horas salvo algunas excepciones.
— si, lo se, no me dijo a que hora terminaríamos, pero espero que sea temprano, y te juro que saldremos, ¿si? — la vuelve a besar.
Esa tarde Federico acude al lugar donde la señora Claudia lo había citado.
Al llegar Federico nota la camioneta de la señora Claudia fuera del restaurante, se acera a saludar al chofer quien estaba fuera leyendo una revista.
— Hola, Carlos — saluda — ¿la señora esta dentro? —pregunta.
— Si, me dijo que te diera esto —saca una bolsa que estaba dentro del auto.
— ¿Qué es? —pregunta tomando la bolsa.
— es un traje del señor, la señora dijo que te lo pusieras y después ingresaras.
— ¿en serio?
— Si, puedes vestirte dentro del auto, no te demores mucho, la señora espera.
— De acuerdo — dice Federico.
Entonces ingresa al auto y se cambia de ropa.
—Una cosa más, — agrega Carlos —al entrar te preguntaran si tienes reservación.
— ¿tengo? —pregunta Federico dentro del auto.
— Si, solo ingresa y dile que vienes con la señora Salazar.
— Entendido.
Después de vestirse Federico ingresa al restaurante muy bien vestido. Busca con la mirada a la señora, la cual le hace una señal con la mano para llamar su atención.
Federico se acerca a la mesa.
—buenas tardes, señora. — saluda.

— Aun no te acostumbras a llamarme Claudia, ¿no es asi? — le dice sonriéndole con esa picardía de siempre — vamos, toma asiento. Me tome la libertad de ordenar por nosotros dos.
— Me parece correcto, señora…digo…Claudia. — se sienta. — es que se me hace realmente difícil tutearla.
— vamos, Federico, vamos a pasar un buen tiempo juntos, no quiero que me hagas sentir “vieja” llamándome señora, señora, señora… nunca me gustó eso.
— Bueno….Claudia, intentaré no llamarle señora.
— eso esta mejor… por cierto, si que te queda bien ese traje. — Le dice sonriéndole — te ves muy guapo.
— jejeje… — Federico sonríe algo avergonzado. — ¿es de su esposo, no?
— si, es algo antiguo, pero te queda y se ve bien, me alegra. Para donde vamos a ir necesitas estar muy elegantes. Iremos a ver a un Congresista que nos quiere ayudar con unas donaciones.
— Entiendo. — contesta
— en estas fechas hay mucho movimiento, ya sabes, estamos en época de elecciones políticas y muchos de esos sujetos, que dicho sea de paso no son de mi agrado totalmente, llaman a organizaciones como la mía para ayudar, a favor de conseguir votos ya sabes…
— si.
—…pero en fin, es bueno, nos sirven esas contribuciones.
— y… quiere que yo…
— Solo necesito que me acompañes, algunas veces tengo que estar de aquí para allá, llevando documentos, haciendo algunos cálculos, organizando llamadas… ya sabes… a partir de ahora serás mi ayudante, o mano derecha.
— Una especie de… ¿asistente?
— Si, ¿te gusta la idea? —pregunta.
— Si, suena más divertido que limpiar piscinas jejeje… — sonríen.
—Por su puesto te pagaré mucho más que esta última semana.
— entiendo, seño…Claudia.
El mesero trae la orden entonces.
— Aquí tienen, disfruten. — dice sirviendo y se va.
— vaya… esto se ve delicioso y muy costoso… —dice Federico.
— Si, es Bastante delicioso, y el precio lo vale, Querido, créeme. Vamos, pruébalo. —le dice.
—He… claro. —prueba el platillo
— ¿Qué me dices? —le pregunta.
— pues…—termina de masticar—…es delicioso. —Dice con una sonrisa. — Es lo más delicioso que jamás he comido…— vuelve a probar.
— Sabia que lo disfrutarías, tienes muy buen gusto también tú.
Claudia le sonríe mientras Federico continúa comiendo.
Desde ese día Federico y Claudia comenzaron a pasar gran parte de las tardes juntos ya que el se convirtió en su asistente personal, Federico disfrutaba de ese trabajo ya que no hacia cosas muy difíciles y visitaba lugares elegantes y conocía gente realmente importante de la alta sociedad.
Poco a poco Federico fue acercándose más a Claudia, iban juntos a cenas, reuniones importantes, el teatro, Algunos pequeños viajes de fin de semana. Poco a poco también Claudia fue Mostrando sentimientos hacia Federico que iban más allá de miraditas y sonrisas Insinuantes. Claudia en algunas ocasiones no se preocupaba en demostrar su atracción hacia el y Federico no se preocupaba en seguir ese juego de seducción.
Una noche varias semanas después.
Federico habla por teléfono con Ana, en la terraza de una de las habitaciones más lujosas del hotel Santa Clara, en las afueras de la ciudad.
— ¿Entonces te estas divirtiendo, amor? —pregunta Ana.
— Ni tanto, preciosa —le dice— el lugar es agradable, pero tengo que estar parado aquí afuera, esperando que… Clau…La señora Claudia… — corrige rápidamente — me llame para ayudarla o apuntar alguna cita o llevar algunos documentos. Ya sabes como es este trabajo…
— Si… te extraño mucho, ¿sabes? —le dice.
— Lo se, igual yo, solo a sido un fin de semana, pero alejado de ti me ha parecido un siglo.
— ¿de verdad? Que lindo, siento lo mismo.
Entonces Claudia ingresa a la habitación, Federico se da cuenta.
— ¡He…debo colgar, mi amor, me están llamando… hasta pronto, te extraño, besos! — dice en voz baja y corta.
Claudia se acerca a el en la terraza
— ¿Con quien hablas, Mi amor? — le pregunta.
— Con mi madre, hablaba con ella, le decía que ya mañana estoy de regreso. — se acerca a ella y la toma de la cintura.
— Si, este bello fin de semana ya se acaba… pero estoy segura que esta noche será maravillosa, ¿no es así? — le dice con esa sonrisa seductora.
— Así es, Claudia — entonces la besa apasionadamente.
Unos días más tarde Federico conversa en un bar con sus amigos, los cuales ya estaban bastante enterados gracias a Federico de la aventura que este mantenía con la Sra. Claudia.
— Tu si que eres un loco, Federico, mira que acostarte con una mujer de esa edad… yo no podría, — dice Germán. — he visto la foto que nos mostraste y pues es verdad que es una mujer muy atractiva, pero jejeje…no me atrevería.
— También pensaba lo mismo en un principio, pero estas semanas que pasamos juntos pude darme cuenta que es una mujer fenomenal, y créanme me atrae muchísimo, de lo contrario no me hubiera acostado con ella.
— ¿y que hay de Ana? — Pregunta Jorge.
— Si, Federico, ¿haz pensado en ella? —Agrega Junior.
— Claro que he pensado en ella… se que lo que estoy haciendo; engañarla, está mal, pero… es que siento algo también por ella, no lo se, es algo confuso realmente; creo me atraen ambas en estos momentos no podría decidirme.
— Vamos, Federico sabes que tarde o temprano esa señora se cansara de ti, yo que tu tomo la decisión más correcta y termino con este juego de una ves antes de que salgas herido o hieras a alguien. — Le dice Germán, bebe un trago.
— Se que debería hacerlo, sobretodo por Ana, ella no merece esto, para nada. Pero… Claudia me atrae, no creo ni quiero alejarme de ella, y créanme cuando les digo que ella realmente siente algo por mí, algo más allá de solo atracción fisica.
— ¿hablas en serio? — le pregunta Junior — ¿de verdad crees que ella señora esta enamorada de ti?
— Si, — dice seriamente — al comienzo pensaba que no, que solo quería acostarse con alguien joven y tener una aventura para molestar a su esposo, pero ahora se que no es así.
— Ablando de eso, — dice Jorge — ¿no temes que su esposo se de cuenta de esa aventura? Ahí si que estarías en problemas, Federico.
— No, lo creo, su esposo ni me conoce y eso que paso casi todas las tardes y algunas noches con su esposa, solo sabe que soy su asistente. Por el no me preocupo, y pues Ana no imaginaria que yo tendría una aventura con mi jefa, así que no hay problemas, muchachos.
— Bueno, Federico es tu problema, pero espero realmente que esto no vaya a estallarte en la cara. — Dice Germán.
Unos días más tarde, en la puerta principal de la universidad.
Ana sale de la universidad y se dirige a casa caminando hasta el paradero como solía hacerlo siempre. Un hombre de unos 40 años, elegante, la observaba desde su también elegante automóvil.
El elegante hombre decide salir del automóvil y sigue a Ana en dirección al paradero.
Al llegar al paradero Ana se sienta a esperar su autobús, y el elegante sujeto se acerca a ella.
— ¿Cree que podamos hablar unos minutos, Jovencita? — le pregunta sonriéndole.
— ¿Disculpe? — contesta ella extrañada.
— Se que le parece raro, pero ¿cree que podamos hablar unos momentos? no le quitare mucho tiempo, también soy una persona ocupada.
Ana lo mira de arriba abajo, no lo conocía, ignoraba totalmente que cosa tenia que hablar ese hombre con ella.
— No suelo hablar con personas desconocidas, lo lamento — se levanta avanza unos pasos en dirección a la autopista.
— Si, lo se, — la sigue — hablar con desconocidos es algo que no se debe hacer, pero créeme, Ana, esto te interesara muchísimo. — Insiste. — es acerca de tu novio. Federico.
— ¿Cómo dice? — voltea a verlo sorprendida. — no le entiendo… ¿Quién es usted y como sabe mi nombre? — pregunta
— Pues si podríamos ir a otro lugar a hablar… te juro que te interesa mucho lo que vengo a decirte.
— No lo se, usted como que no me inspira nada de confianza. ¿Por qué lo escucharía? ¿Por qué le creería? — le dice.
— Créeme, lo que vengo a contarte es muy importante y no te lo puedo decir en un paradero. — le contesta.
Ana lo piensa un instante.
— De acuerdo, hay una cafetería aquí cerca, ¿le parece bien? — le dice.
— Si, ahí podemos hablar cómodamente.
Ana lleva al hombre extraño a la cafetería cerca de la universidad.
Ya dentro ella va al grano.
—De acuerdo, ¿Qué es lo que me tiene que decir acerca de Federico? — pregunta Ana.
— Bien, antes de eso quiero presentarme, no te he dicho si quiera quien soy. — le tiende la mano — me llamo Jonathan Mendoza.
Ana le da la mano también.
— Gusto en conocerlo, Señor Mendoza. — le dice. — ahora…
—Lo se, quieres que vaya al grano. Bueno, a eso voy, hace una semana descubrí algo que nos importa muchísimo a los 2.
— ¿Ah si? ¿y se puede saber que es? — pregunta algo sarcástica.
— ¿Sabes quien es Claudia Salazar? — le pregunta.
— pues si… es la señora para quien trabaja mi novio; Federico… ¿que tiene que ver en todo esto? —pregunta.
— Pues ella es mi esposa. —le dice con seriedad.
— ya veo… yo…ignoraba eso. Federico nunca me dijo su nombre completo.
— Lo supongo, ella siempre usa su nombre de soltera. Jamás le ha gustado presentarse como Claudia Salazar de Mendoza.
— no entiendo… ¿a que viene todo esto? ¿Acaso Federico hizo algo? —pregunta extrañada.
— Si, así mismo, tu novio hizo algo… algo con mi esposa. —la mira a los ojos — si es que sabes lo que quiero decir.
— No, creo que no entiendo. — le contesta algo nerviosa.
—Tu novio y mi esposa… tienen un aventura a nuestras espaldas. —le dice con una dura expresión de seriedad.
Ana se queda en silencio y pensativa unos cuantos segundos.
— Esto…no lo creo, debe ser…
— No es ningún error…— el señor Mendoza saca un sobre de su bolsillo —… aquí hay fotografías que me consiguió un fotógrafo que contrate para que los siguiera. — le da el sobre.
— Pero…— toma el sobre y lo abre.
La expresión del rostro de Ana reflejaba una gran decepción, dolor y tristeza.
— No lo puedo creer… —dice derramando unas lágrimas mientras ve las fotografias — ella… es muy bella…y elegante…
— Yo…se muy bien como debes sentirte, Ana. Cuando me enteré… debo aceptar que me dolió mucho. — le dice.
— El me dijo que era una mujer mayor… que… no era fuera de lo común… jamás mencionó que ella era… tan linda…
— Si, Claudia siempre se ha cuidado mucho… ella le da mucha importancia a su apariencia, no aparenta sus 44 años.
— Federico… ¡es un maldito mentiroso! —arroja las fotografías contra la meza. La gente del lugar volteaba a verla.
— Tranquilízate, Ana… yo…
— ¡pero esto no se queda así, me va a escuchar ese maldito! —dice Ana muy enfadada.
— Ana, escúchame… quiero que te tranquilices.
— ¿Cómo quiere que me tranquilice? Tan solo ayer el me estaba diciendo que me amaba que era el amor de su vida, y ahora como si nada descubro que el desgraciado me estaba engañando… y con una mujer mayor… ¡no se imagina como me siento!
— Pues a mi me engaño mi esposa con un chico 23 años más joven también me siento mal, ¿sabes? Eso no me hace sentir nada bien. Si hay alguien que entiende bien tu situación soy yo, no olvides eso.
— ¡pero ese estúpido me va a escuchar, se va a arrepentir de lo que me hizo! — dice muy enfadada. — supongo que usted… también tomara medidas, contra el ¿no es así? —le pregunta.
— Pues… me interesa más tomar medidas contra Claudia, tu noviecito no me interesa tanto.
— no le entiendo… pensé que mínimo le daría una golpiza a ese desgraciado. Cualquiera haría eso. — dice.
Jonathan sonríe.
— además esas son cosas a las cuales no me rebajaría, yo soy un hombre que no opta por esos arrebatos de ignorancia, ponerme a golpear a un chiquillo ingenuo…no seria mi elección a la hora de tomar represalias. ¿Entiendes verdad?
Ana cambia su expresión, mira a Jonathan sospechosamente.
— no te preocupes, no pienso lastimarlo de ninguna manera, no enviare a nadie para que le rompa las piernas o lo mate, descuida, tampoco soy un criminal. — le dice sonriéndole.
— quiero suponer eso. — contesta. — ¿entonces que piensa hacer? — pregunta.
— Pues quiero darles una lección, y por eso es que he venido aquí contigo, parte de mi plan para darles una lección es que tu te enteraras de lo que pasa.
— Pero yo si pienso darle unos buenos golpes a ese maldito Federico — dice.
— Lo se, y créeme, se los merece… pero yo te ofrezco una mejor alternativa para que Federico y Claudia sientan en carne propia lo que nos han hecho.
— ¿ah si? ¿En que ha pensado? —pregunta.
— tanto Claudia como Federico ignoran que ambos estamos al tanto de su aventura. Así que tenemos la sartén por el mango, preciosa. Ellos deben seguir creyendo que tú y yo somos un par de ingenuos que no nos damos cuenta de nada.
— ¿pero por qué?
— Ok, Antes que nada para mi plan voy a necesitar tu ayuda. No es fundamental, pero tu colaboración lo haría mucho mejor.
Ana lo miraba confundida.
— Te planteo la opción de que tú y yo juguemos a lo mismo que ellos están jugando.
— ¡¿Qué?!
—Si, ¿que te parecería que el sintiera que lo haz cambiado por un hombre mayor, con mas experiencia y muchos millones en el banco? —le dice.
— Me esta proponiendo…
—Así es, tengamos una aventura. — le dice seriamente.
— ¿Habla en serio? — pregunta.
— Si, hablo muy en serio, creo que eso les dolería muchísimo ¿no te parece? Por su puesto… todo seria actuado… tengo una hija casi de tu edad, linda.
— ¿Esta loco? —le dice. — ¿como se le ocurre eso? Desde luego que no, prefiero darle unas buenas cachetadas. — dice.
— bueno, por mi parte se que nada le dolería más a Claudia, que el hecho de saber que la engaño con una mujer joven, ella es muy celosa y además muy superficial, nada la haría sentir mas destrozada que eso. Pero si no aceptas mi proposición tendré que conseguir una chica que si quiera apoyarme, aunque no seria igual. — se levanta. — bueno, si decides enfrentarlo no menciones esta reunión ni mi nombre, ¿de acuerdo? Yo si quiero darle a Claudia donde más le dolerá.
Ana también se levanta.
Jonathan se dirige a la salida.
— He… yo tendría que pensarlo un poco… — dice Ana.
— ¿que? — se detiene y voltea a verla. — De acuerdo, tomate tu tiempo, —saca una tarjeta de su bolsillo. — esta es mi tarjeta, llámame cuando hayas tomado una decisión, te explicare entonces mi plan. Hasta pronto. —se va.
Ana mira la tarjeta y se sienta nuevamente.
Esa noche Federico la llama por teléfono.
—Hola, mi amor — saluda Federico.
— Hola… —contesta ella acostada en su cama. — ¿Cómo estas?
— Bien, algo cansado por el trabajo, ya sabes estuve de aquí para alla. Dia duro sin duda, preciosa. Lamento no haber podido ir a verte hoy, pero… Sali tarde y me vine a casa directamente.
— No te preocupes… ya nos veremos mañana en clases.
— He… si, he… acerca de eso, la señora tiene una reunión mañana temprano, es de suma importancia que yo valla con ella, si…
— ¿No iras mañana? —pregunta con seriedad, casi no podía ocultar su rabia.
— No, pero descuida, la señora Claudia es amiga de la esposa del director, dice que llamara para pedir permiso por mí, ¿no es grandioso? —pregunta.
— Si, se ve que tiene mucha influencia, ¿no? Siempre consigue lo que quiere.
— Si,…he… te noto algo extraña, Linda. ¿Ocurre algo?... ¿estas bien?
—…
Ana se moría de ganas de decirle que era un maldito mentiroso, un estúpido. Pero solo contuvo esa rabia.
— No, no pasa nada son ideas tuyas… si.
— Se que estas algo molesta por que ya no nos vemos como antes, pero te prometo que trataré de hacerme más tiempo para ti. Te lo prometo, mi amor.
— Si, eso seria fantástico…. ¿como esta la señora? ¿Que me dices de ella?
— ha, pues… ella…
— ¿te da mucho que hacer, he? — pregunta, notando el nerviosismo de Federico al referirse a ella.
— pues si… hoy tuve que llevarle a unas socias de ella unos documentos, tuve que hacer varios viajes, fue… aburrido esta ves… ¿pero sabes? Me dijo que quiere que aprenda a conducir.
— ¿Serás su chofer ahora? — Pregunta sarcásticamente.
— No, jejeje… Te vas a morir cuando te cuente… me va a comprar un automóvil.
— ¿no puedes ser menos obvio, pedazo de bestia? — pensó Ana. — ¿te va a regalar un automóvil? —pregunta.
— Si,…bueno, no… es decir, ella me lo comprara y yo le iré pagando a ella poco a poco, además, si lo necesito, ir de aquí para allá en taxi es complicado y costoso también, sin mencionar la incomodidad; por eso ella quiere que aprenda a conducir lo antes posible para que me compre el auto ¿no es fantástico? Este es el mejor empleo que pude conseguir.
— Sin duda, Federico, me alegro por ti.
— Vamos nena, anímate, pensé que te alegraría mucho, así podre sacarte a pasear. — le dice.
— Si, Federico… me voy a dormir, buenas noches…mi amor…
— Si, buenas noches… — Ana corta —… mi amor…
Ana avienta el celular al suelo y se acuesta con lágrimas en los ojos y una gran ida en el alma.
En los siguientes días Ana no dejaba se sentirse mal y pensaba en la propuesta del señor Mendoza para darle una lección a Federico y a Claudia. Ella pensaba que era una locura, pero que podría funcionar y que Federico sentiría todo el dolor que ella estaba sintiendo, entonces decide llamar al señor Mendoza y Ponerse de acuerdo en su venganza. Jonathan cita a Ana en un restaurante en el centro de la ciudad después de que ella termina sus clases en la universidad.

Continuara....

Escrito por: FranckPalaciosGrimaldo (2011-01-30)


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