11 Historias Capitulo 01: Amor y venganza (parte 2)


— este restaurante es…muy caro, ¿cierto? — Le pregunta a Jonathan, contemplando la belleza del lugar.
El le sonríe
— Pues si, se podría decir, me gusta por que es cómodo, apacible, se puede hablar con calma mientras disfrutas de una comida. Por cierto, Ana, ¿ya almorzaste? De no ser así seria para mi un gusto invitarte. — le dice sonriéndole.
— Pues a decir verdad aun no he comido, pero… no se… me da… algo de vergüenza con usted.
— Vamos, no hay de que avergonzarse, tampoco he comido, es mi hora de almuerzo también, aprovechemos y hablemos. ¿Te parece?
— De acuerdo… — contesta sonriéndole.
— Eso es.
Un rato más tarde después de ordenar.
— ¿nunca habías venido a un lugar así? — pregunta Jonathan
— Pues no, la verdad es que nunca… mire estos precios —Dice mirando la carta —… son muy costosos, no podría pagar ni el mas barato. — sonríe. — en cambio usted, seguramente come aquí seguidamente.
— No creas, vengo algunas veces nada mas, cuando tengo que hablar con algunos colegas, cerrar algunos tratos, a veces con algunos amigos.
— Usted me dijo que tenia una hija, ¿cierto? — pregunta Ana.
— Si, asi es, es mas o menos de tu edad, tu debes tener… que, ¿21?
— 20, — contesta — tengo 20 años.
— Mi hija tiene 19, esta en estados unidos, logró entrar en la mejor universidad, estoy orgulloso de ella. Es una gran muchacha. —sonríe. — aquí tengo una fotografía de ella — se la muestra a Ana.
— Es…muy linda, es igual a su mamá.
— Si, son idénticas, de mi solo sacó mi cabello, menos mal. He estado pensando en como tomara todo esto ella también.
— ¿Aun no le ha dicho nada tampoco? —pregunta.
— No, ayer hable con ella y estuve a punto, pero… no quise arruinarle la alegría. Ella tiene a su mamá en un pedestal, es su fan numero uno, la mataría saber que es una mentirosa cualquiera.
— Entiendo, pero igual tendrá que enterarse ¿no?
— Si, pero a su tiempo. Tendrá que entender también que entre su mamá y yo… ya no podría haber nada después de todo esto. Yo le podría haber perdonado todo, pero… esto no.
— ¿Cuantos años de matrimonio tiene con Claudia? — le pregunta.
— Tenemos 25 años de cazados, un numero bastante alto, ¿no?
— vaya, es mucho tiempo. — comenta Ana.
— ¿y tu? Con Federico ¿Cuánto tiempo de novios?
— Pues ya vamos por los 4 años, lo conocí al iniciar la universidad. Y créame tampoco le podría perdonar lo que me hizo. — le dice seriamente. — y creo que su plan, después de todo podría funcionar. Quisiera que me explicara con detalle, ya que de verdad quiero que cuente conmigo.
— Me alegra que hayas decidido eso, sin ti no hubiera sido igual.
— ¿y cree que ellos de verdad…?
— Si, conozco a Claudia y se que Federico no le ha dicho nada acerca de ti, para ella el es soltero, tu no existes. Eso lo hace mucho mejor.
— ¿Qué haremos en si? ¿Fingir una relación? ¿Así de simple?
— No, iremos mas haya de solo fingir una relación.
—…
— No te asustes — le dice — Claudia es una mujer posesiva, y sobretodo celosa, le encanta tener el control y que se haga su voluntad; con migo siempre a sido muy celosa, desde siempre, y se que apenas note algo raro en mi comenzara a investigarme, de la misma forma que hice yo.
— Ya veo.
— El plan consiste en facilitarle descubrirme con mi amante… o sea tu, preciosa… — le sonríe.
Ana también sonríe.
— Básicamente de eso se trataría, la cúspide de esto es que ella nos encuentre en en una situación comprometedora, y en ese momento yo terminare con ella, la botaré como un perro, después de que en el trayecto me haya comportado amoroso, tranquilo y como si la amara más que nunca.
— vaya, sin duda ha planeado esto paso a paso.
— Si, se que esto la destrozara. Lo que me diga después de eso ya no tendrá importancia, haga lo que haga, se que ella me fue infiel primero. Tu harás lo mismo con tu novio lo trataras bien, serás cariñosa, amorosa con el, más que nunca, hasta que llegue el día del encuentro, en donde el tendrá que estar presente, ese día se descubrirá todo.
— ¿Cómo haremos para que el aparezca el día en que nos descubran juntos? — pregunta.
— Eso es simple, me las arreglare para que le llegue un mensaje en donde le diremos esactamente donde estarás tu ese día, y con quien… ¿el es celoso?
— mas o menos….
— Entonces ese día o unos días antes actuaras algo misteriosa, levantando su sospecha.
— Creo que es un buen plan, Señor Mendoza.
— He, He, He,… Jonathan, llámame por mi nombre, es mejor, créeme, debemos de comenzar a entrar en Confianza.
— jejeje… Creo que tendré que acostumbrarme. — Dice Ana sonriendo.
El mozo se acerca con las órdenes.
— Gracias, — Dice Jonathan mientras le sirven sus órdenes. — estoy seguro que disfrutaras mucho este platillo.
— Si, se ve muy delicioso, Gracias, señ…— lo mira y el la mira —…Jonathan, — le sonríe.
En la siguiente semana todo estuvo listo para comenzar de lleno con el plan que habían tramado.
Ana dejo de lado con mucho esfuerzo la rabia que sentía por Federico, para poder tratarlo bien, y no mostrarse incomoda o enfadada cuando este la visitaba o salían a algún lugar.
Por su lado Jonathan seguía su parte del juego.
Una noche cenando con Claudia en el comedor de su casa.
— He pensado en que no hemos pasado un fin de semana en el sur hace mucho tiempo, mi amor — le dice Jonathan a Claudia. — quizás podamos ir este fin de semana. Podría dejar de lado algunas cosas en el trabajo y podríamos ir…¿no? — sugiere.
— Este fin de semana es imposible, tengo que reunirme con las chicas en el club. Quedamos en organizar un festival para recaudar más dinero para los niños de la organización, lo siento, Jonathan. —Contesta y pregunta — ¿y por que ese repentino deseo de ir al sur?
— No se trata de ir al sur, se trata de pasar tiempo con mi esposa, debo aceptar que estos últimos meses no hemos pasado mucho tiempo juntos, solo te veo en las noches y en las mañanas al irme a trabajar. ¿Tiene algo de malo en que quiera pasar tiempo con mi esposa?
— No, claro que no, aplaudo eso, pero estoy muy ocupada… ya sabes como es dirigir una ONG. —se escusa.
— Si, te entiendo… — come —¿recuerdas que cuando Mercedes tenia 17 y termino la secundaria y decidió ir a estudiar a estados unidos, planeamos pasar mas tiempo juntos?
— Si, lo recuerdo… — come. — dejemos ese viaje el sur para otra ocasión, ¿si, mi amor? — sugiere.
— De acuerdo, no hay problemas, será para otra ocasión. — contesta. — ha, me olvidé comentártelo, pero… puede que mañana llegue tarde…
— ¿ah si? —pregunta.
— Si, tengo una reunión con unos empresarios brasileros, si les parece mi propuesta cerraremos un contrato por más de 500 millones.
—Ya veo, es mucho dinero; espero que todo te salga bien. —le dice sonriéndole.
— gracias, amor, estoy seguro que mañana todo saldrá bien.
Al día siguiente Jonathan cita a Ana en un muy lujoso restaurante para conversar acerca de sus avances.
Ana asiste muy elegantemente vestida, tal como Jonathan le dijo.
— vaya… te ves muy linda, — le dice Federico recibiéndola cuando baja del taxi.
— No sabia que ponerme — le dice sonriéndole— jamás había venido a un lugar como este, había escuchado hablar de el, en algunas revistas y en la televisión, pero jamás pensé que vendría aquí. ¿Crees que me veo bien? —pregunta.
— Pero por su puesto, te ves realmente preciosa, ese vestido es muy elegante… —le dice.
— Es prestado — sonríe — lo usó mi prima en su fiesta de graduación el mes pasado.
— pues dudo que se haya visto tan bien como se ve contigo. — sonríe,
— Gracias, también tu te ves muy guapo. —le dice.
— Gracias, muchas gracias. — Sonríe — ¿entramos? —sugiere.
Entonces ingresan y se dirigen a su mesa reservada.
Conversan.
— Debo aceptar que dudé por un momento que vendrías. Pensé que quizás te arrepentirías a última hora. — le dice Jonathan.
— pues no, no dudé en venir, es más, te confieso que me parece algo emocionante. No lo se. Pensé que estaría asustada y que no podría con esto.
— En todo caso me alegra tenerte aquí, te prometo que la pasaremos bien.
— he… solo tengo hasta la media noche… le invente a mi madre que iba a un bautizo del bebe de una amiga… se que suena tonto… pero… es que mi madre es…
— si, te entiendo, a que padre le gusta que sus hijos estén tan tarde fuera de casa, a veces me pongo a pensar que estará haciendo mi hija allá en estados unidos.
— ¿esta sola? — pregunta.
— bueno, no esta sola, esta con su prima… pero… aquí entre nos, jamás confié en mi sobrina, y eso que es hija de mi hermano mayor. — sonríe
— jejeje…dale algo de crédito, ¿no?
— No me mal interpretes, ella tiene toda mi confianza, pero… siempre hay que estar vigilantes como padres que somo…que soy jejeje…— corrige.
— Si, me recuerdas a mi papá…
— ¿Ah si?
— si, el era muy sobre protector conmigo.
— ¿era? —le pregunta.
— Si, el falleció cuando yo tenia 15 años…
— ¿Qué le ocurrió? —pregunta.
— Un paro cardiaco mientras trabajaba, el era maquinista industrial.
— Lo lamento muchísimo.
— no te preocupes, esta vivo en mi corazón, siempre pienso en el.
— claro, siempre estara contigo, cuidándote… Y no te preocupes, estarás temprano en casa. — le dice sonriendo. — ¿por cierto…que le inventaste a Federico?
— Le dije que me quedaría en casa, que me dolía un poco la cabeza y que me tomaría algo y a dormir… se la creyó.
Esa noche Ana y Jonathan cenaron y conversaron un buen rato, hablaban de sus vidas, se comenzaban a conocer un poco mejor.
Al terminar la noche Jonathan lleva a Ana a su casa.
— Te llamare en 2 días ¿te parece? Podríamos ir al teatro. ¿Qué dices? — le pregunta a Ana antes que ella baje del elegante automóvil.
— ¿teatro? Nunca he ido al teatro. —dice.
— Pues si, una amiga tiene un estreno, quizás la conozcas, es Leandra Cozz…
— ¿Conoces a Leandra Cozz? — dice Ana muy emocionada — es una de las actrices mas populares… ¿hablas en serio? —pregunta.
— Si, estrena y me ha invitado, estoy seguro que Claudia no querrá ir conmigo, la detesta —sonríen — así que podríamos ir tu y yo.
— Pues si, creo que… seria fenomenal. — dice.
Baja del auto.
— entonces te llamo en 2 días, saludos y…gracias nuevamente.
— No, gracias a ti, la pasé bien.
Jonathan se va conduciendo mientras Ana se dirige a casa.
En las siguientes semanas, Ana y Jonathan comenzaron a salir juntos, cenas, el teatro, bailes importantes, algunas veces el la presentaba como una ahijada, otras veces como la hija de un socio, a ella le divertía ese juego. Poco a poco se fueron haciendo más amigos que cómplices.
Ana comenzaba a acostumbrarse y a disfrutar de la compañía de Jonathan.
Una Tarde.
Ana y Federico conversan a la salida de la universidad, se iban juntos a almorzar.
— Estaba pensando que este viernes podemos ir a bailar ¿Qué me dices? — le pregunta a Ana. — Hace mucho que no hacemos algo juntos, preciosa.
— Si, desde que trabajas nos vemos solamente entre clases. No estaría mal salir a divertirnos un poco. — le dice.
— Bien, entonces pasado mañana iremos a un club que hay en el centro, es muy exclusivo ¿sabes? Se que te encantara. Y siempre se presentan unos…
El celular de Ana suena interrumpiendo la plática.
Ana mira el numero, era Jonathan, sonríe.
— Un momento, ¿si? — dice y se aleja un poco para contestar. —Hola… ¿Cómo estas? —saluda.
— Bien, ¿y tu? ¿Quieres ir a almorzar conmigo? —le pregunta.
— Me estaba dirigiendo a almorzar con Federico en este momento… —contesta algo apenada.
— Bueno, será para otra ocasión. Además hay que mantener las apariencias.
— No, no,..Creo que…creo que puedo decirle que tengo algo que hacer y deshacerme de el…, créeme, no sospechara nada.
— ¿estas segura? —pregunta.
— Si, déjamelo a mi, Le inventare algo… ¿Nos vemos en donde siempre? —pregunta.
— Si, misma meza.
— De acuerdo, hasta luego.
Ana cuelga y se acerca a Federico.
— ¿Quién era?—le pregunta Federico.
— Era mi hermana, dice que tengo que ir para ayudarla en unas cosas, no me dijo muy bien que.
— ya veo… ¿entonces nos veremos más tarde?... No, no puedo, ahora que recuerdo tengo que ir a trabajar.
— es una pena, de verdad quería que comiéramos juntos… ¿mañana? —le dice.
— si, mañana esta bien. — le da un beso — bueno, nos veremos, ¡suerte! — se va rápidamente.
Después en el restaurante.
Ana y Jonathan conversan mientras Comen.
— ¿Entonces estas seguro de que ella ya esta sospechando algo? — pregunta Ana a raíz de un comentario de Jonathan.
— Si, casi estoy seguro de que alguien le ha contado algo, alguna amiga de ella que nos ha podido ver en alguna de las citas que hemos tenido, quizás en alguna reunión social. — dice.
— ¿y estas seguro de que lo que horá será mandar a seguirte? — pregunta.
— Si, ya me lo ha hecho antes, yo me enteré de eso, poco después.
— ¿y por que sospecho de ti? —Le pregunta — ¿acaso tu…?
— no, claro que no, yo jamás le he sido infiel, seria incapaz… pero ella es muy celosa, y nunca hace nada sin antes estar segura de algo. Por eso se que contratará a un fotógrafo para seguirme a todas partes, fotógrafo que yo tengo comprado ya.
—no te entiendo.
— las 2 veces anteriores que me ha mandado a seguir, a contratado a un mismo fotógrafo, le tiene mucha confianza. Pero todos tienen un precio, aunque suena horrible sabemos que es así, fue ese mismo fotógrafo al que yo mande a seguirla a ella. Y lo tengo totalmente comprado.
— eso quiere decir que…
— si, cuando ella lo llame en caso lo llame, que e lo más seguro el me lo hará saber… y créeme ya no falta mucho, preciosa. Ella caerá redondita. Sus celos la van a hacer caer.
— vaya, tienes todo fríamente calculado, eres muy listo. Jamás se me hubiera ocurrido algo tan… calculado.
— si, y lo que ella no sabe es que ese fotógrafo también la esta siguiendo a todas partes a ella desde ya.
— vaya… entonces ya esta cerca el día… el día del encuentro de los 4, cuando los encaremos.
— Si, ya no falta mucho, en unos cuantos días más, quizás una semana, ella enviara al fotógrafo seguirme, o contratara a alguien más, yo lo sabré y todo seguirá su curso. Solo es cuestión de darle unas fotos incriminatorias, por así decirlo.
— ¿Tu… aun sientes algo por ella? —pregunta Ana, sin mirarlo a la cara.
— ¿Tu sientes algo por Federico? —le responde con una pregunta.
Ella lo mira.
— Pues… no, solo algo de Coraje e indignación por lo que me hizo, pero… ya no siento lo mismo que sentía por el…aunque…
— Aunque aun no te lo sacas del corazón por completo ¿no es así?
— Algo así. — responde.
— Es normal, en mi caso he pasado muchos años con Claudia, es difícil saber que… nuestro matrimonio se fue al caño, y si bien cuando la veo tan tranquila como si nada pues me da mucha rabia, y es que en mi corazón aunque suena estúpido, aun la quiero. Pero jamás la perdonaría.
— Ya veo…
— Tu.. al menos podrás comenzar de nuevo, te enamoraras nuevamente de algún muchacho… te casaras… tendrás hijos, no lo se… pero yo, ya estoy viejo….
— ¿De que hablas? No estas viejo…. —interrumpe Ana.
—…Vamos, tengo 45, no podría casarme nuevamente, seria muy complicado…. Esta mi hija, y estoy seguro de que al terminar todo esto ella se ira al lado de su madre, sobretodo cuando al terminar Claudia se encargue de ponerla en contra mía.
— ¿Seria capaz?....
— Claro, se que hará eso. Una ves que terminemos con esto también abra acabado mi familia. — dice algo triste.
Ana no puede evitar sentir algo de empatía por Jonathan.
Se acerca a el y le toma la mano.
— No, digas eso, estoy segura que tu hija no se pondrá en contra tuya, ella tiene que entender que… que la que actuó mal es su madre y no tu. Y de todas formas eres un hombre guapo, eres joven, exitoso, se que podrás reponerte, no es el fin. —le dice mirándolo a los ojos.
— Gracias, por decirme eso, Ana. Eres una buena chica, no mereces lo que te esta ocurriendo.
— Tu tampoco, Jonathan, eres un gran hombre…
— ¿No me dices todo esto solo por que te recuerdo a tu padre…?
— No, — sonríe — claro que no, digo esto por que en estas semanas que llevamos conociéndonos pues he descubierto lo divertido, inteligente, cordial y buen hombre que eres…
— Bueno, gracias, Ana.
— No tienes que darlas… —le dice.
En ese momento en el corazón de Ana, el dolor que había dejado el engaño, la traición de Federico comenzó a ser remplazado por un sentimiento muy fuerte hacia Jonathan, ya no era solo amistad. Era algo más, ella comenzaba a enamorarse de ese hombre que le había propuesto unirse para una venganza a las personas que los habían herido.
Unos días después.
Ana conversa con Fiorela mientras terminan un proyecto en la biblioteca de la universidad.
— quiero preguntarte algo, Fiorela — dice Ana.
— ¿Qué es? —pregunta.
— ¿Qué crees de las relaciones entre… personas con… una diferencia de edad… digamos… unos 20 años de diferencia? es decir… ¿saldrías con alguien de no se…45 años? —plantea la pregunta.
— Pues… no, no creo, es la edad de mi papá. Es decir… ¿Qué tan loca crees que estoy?
— ¿No saldrías con alguien de esa edad? ¿Sin importar que sea guapo y no aparente esa edad?
— bueno, admito que hay hombres de esa edad muy guapos, no como mi papá que esta bastante viejo y gordo, pero… igual, no me atraen los ancianos. — sonríe. — ¿Por qué la pregunta?
— He…— se pone nerviosa. — yo… solo preguntaba… no es por algo en particular.
— mmmm…. —la mira sospechosamente. — … te pusiste nerviosa.
— No, claro que no… — contesta tratando de no mirar de frente.
— ¡te pusiste roja como un tomate! — le dijo sonriendo. — dime ahora mismo que esta pasando.
— No pasa nada… ¡y no me he puesto roja! — le contesta.
— Ana, somos amigas, nos conocemos desde la secundaria, se que no me preguntarías algo así solo para saber mi respuesta. — Se acerca a Ana — ahora aquí entre nos dime… te gusta algún profesor ¿no es así?
— No, claro que no, ¿Cómo crees? —le contesta.
— ¿es el profesor de Literatura? Es el único que esta más o menos bueno, al menos no tiene pansa…
— No, no se trata de eso… yo… solo preguntaba… — trata de excusarse.
— ¿eso quiere decir que vas a dejar a Federico? —le pregunta
— No, claro que no… te estas haciendo ideas, Fiorela. —le dice — mejor continuemos con el proyecto..
— No me vas a dejar con la incógnita, ahora me cuentas todo. Tú tienes la culpa, tu comenzaste.
Ana ve a su amiga y sentía la necesidad de hablar con alguien.
— esta bien, quizás si haya alguien… ¿de acuerdo?
— jejeje… ¡eres una loca! Y tan tranquilita que parecías…
— ya, cállate, no seas escandalosa, te voy a contar, pero promete no contárselo a nadie, ¿de acuerdo?
— claro, no te apures.
— Bueno, hace como 2 meses más o menos conocí a un hombre… un hombre mayor. —comienza a contar.
— ¿mayor que tanto? —pregunta Fioella.
— Tiene 45 años.
Fabiola Sonríe pícaramente.
—Vaya, no podías ser mas obvia con tu pregunta. — le dice a Ana. — ¿y esta guapo?
— Si, esta en muy buena forma, es guapo, elegante…tierno….
— Vaya, así con esa mirada hablabas de Federico…. Ahora mírate… ¿estas saliendo entonces con el? —pregunta.
— básicamente.
— ¿Cómo es eso?
— es decir, salimos, pero…todo era parte de un plan, una actuación…pero, creo que este tiempo que he pasado con el… y sobretodo estas ultimas semanas me he comenzado a enamorar.
— Wow, espera un momento. ¿Qué hay de Federico? ¿Y que plan era ese?
— para comenzar esto fue por culpa de Federico.
— ¿he?
Ana le cuenta a Fiorela los sucesos que la condujeron a llevar a cavo una planificada venganza en contra de Federico y Claudia, su amante.
— Vaya, esto parece sacado de una novela, no puedo creer que hayas aceptado participar en una venganza de ese tipo, pagar con la misma moneda…aunque acepto que hay algo romántico en todo esto. Pero igual, me parece una locura. ¿Por qué no le arrancaste la cabeza de una bofetada a Federico? ¿No hubiera sido mejor?
— ese fue mi plan en un momento, pero…pensé que seria mejor que Federico sintiera en carne propia el ser engañado con alguien mayor, igual la esposa de Jonathan. Pero ahora ya casi ni pienso en eso, claro quiero que reciba su merecido, verle la cara cuando se entere, pero… mas que nada, pienso en Jonathan, me gusta mucho pasar tiempo a su lado, y no solo por que vamos a lugares exclusivos, bailes de gala y me ha regalado vestidos muy lindos. De verdad me gusta mucho estar a su lado… y lo peor de todo es que… no se si confesarle esto es más ni siquiera se si el siente algo por mi, y es más me asusta el hecho de que ya pronto terminara todo esto y quizás ya no lo buelvar a ver…
— vaya… no se que decirte…
— no digas nada, quizás solo soy una tonta…creo que debí mantenerme concentrada en el plan y no… no estar enamorándome…. Al final terminare sufriendo nuevamente.
— Ay amiga, — le dice. Acercándose.
— Ni siquiera se si el siente algo por mi, lo Mas probable es que no. El solo quiere darle una lección a su esposa. ¿Además que vería en una chica como yo? Su hija tiene mi edad prácticamente.
— Es complicado… creo que debes intentar sacártelo de la cabeza… seria lo mas correcto.
— Lo se, pero… no quiero hacer eso. — contesta.
— ¿Cuándo lo veras nuevamente? —le pregunta
— Mañana en la noche, hay una exposición de arte de un amigo pintor de el, ahí estará el fotógrafo que su esposa a contratado, ahí nos sacara unas fotos. — le dice.
Al día siguiente en la presentación de arte.
Ana y Jonathan miran algunos cuadros y Conversan.
— Este me gusta mucho — le dice Jonathan.
— Es muy lindo, aunque no entiendo que es... Parece una botella ¿no? —pregunta Ana.
— Si, es algo abstracto, con estos cuadros no se sabe muy bien que quiso representar el pinto, al fin y al cabo es arte.
— Si… he… ¿el fotógrafo ya entró? —le pregunta.
— Si, ¿Quién es? —pregunta.
— Es el sujeto de la camisa azul y pantalones jeans, el que esta cerca a esas plantas. — le dice.
— Ya lo vi, me siento algo… rara, siendo observada.
— lo se, te entiendo, pero nos tomara las fotos y se irá, es el plan, el ya lo sabe, luego convencerá a mi esposa para que nos embosque en algún lugar, todo está fríamente calculado.
— si, ósea…ya pronto…. Pronto todo esto, terminara. — le dice mientras caminan hacia un balcón del hotel.
— Si, ya pronto nos veremos las caras los 4…— contesta bebiendo de su copa.
— han sido unos meses emocionantes, ¿no? —pregunta ella con una expresión clara de tristeza.
Llegan al balcón.
— Si, debo aceptar que ha sido emocionante jugar a esto. —comenta el.
— Si, yo… la he pasado bien contigo, Jonathan?
— Igual yo, me he divertido mucho, me hubiera gustado conocerte en una situación diferente, una que no fuera… ya sabes tan dolorosa.
— Nunca nos hubiéramos conocido de no ser por esta circunstancia, lo sabes. — dice ella mirando el paisaje de la ciudad de noche. — es una linda noche, y una linda reunión. Jamás pensé estar aquí, en este hotel, siempre veía a las personas de la alta sociedad en las revistas, siempre soñaba con que algún día estaría aquí, con un vestido hermoso como este, compartiendo una linda noche con alguien especial. Por cierto — agrega — Gracias por el vestido… te lo voy a devolver al acabar todo esto… este y todos los demás que me compraste…
— No, por su puesto que no, ¿Qué haría yo con ellos? Todos los vestidos que te he regalado, al igual que las otras cosas te las he dado sin la intención de que me las devuelvas, son tuyas…tómalas como un regalo de amistad. ¿Si?
— está bien, es solo que… yo no te he dado nada..
— Con tu amistad y apoyo me es suficiente, Linda. Creeme.
— No lo se, yo… me sentiría….
— Nada, nada… me harías sentir mal si no las quisieras.
— De acuerdo, gracias, Jonathan. — le dice sonriendo.
— Ahora… démosle al fotógrafo algo bueno. Acércate un poco — le dice— ahora desde este Angulo parecerá que estamos muy cariñosos. — La toma de la Cintura y se acerca a ella. ¿no te incomoda, no? — le pregunta teniéndola muy cerca a el.
— No, para nada… —contesta ella algo sonrojada.
— No te sonrojes, esto es solo actuación… —sonríe.
— Si, — ella se acerca más a el.
— Bien, lo haces fenomenal…— le dice teniéndola bastante cerca.
El fotógrafo comenzaba a tomar fotos.
Ana, estaba cada ves más cerca de Jonathan, muy cerca. El la miraba a los ojos.
— Te ves muy hermosa, —le dice.
— Tu… estas muy guapo y elegante… — se acerca más, su corazón comenzaba a latir fuertemente.
— Creo que con esto será…
Antes que el pudiera terminar la frase Ana le da un apasionado beso en los labios.
Dicha acción deja muy sorprendido a Jonathan. Quien se aparta ligeramente de ella.
— Yo… lo lamento…— dice Ana muy avergonzada.
— No me esperaba eso… — le dice el, algo confundido.
— no se por que hice eso… discúlpame, Jonathan.
— No, no tienes de que disculparte, yo…
— Discúlpame, fui una tonta, estoy muy avergonzada. — dice y se va rápidamente.
— ¡espera, Ana! — le dice y va tras ella.
Jonathan corre tras ella y la alcanza en la recepción del hotel.
— ¡Ana, no corras, espérame! — le grita.
Ana se detiene.
— Ana, espérate, no te vayas. — le dice. — Ana, no tienes por que sentirte mal. — Le dice sonriendo.
— Yo, es que de verdad me siento como una tonta.
— No tienes que sentirte así.
— es que… Jonathan, yo… quería besarte, — le dice esquivando su mirada. — Yo…creo que he comenzado a… enamorarme de ti — lo mira a los ojos.
Esa confesión deja muy asombrado a Jonathan quien se queda ahí paralizado frente a ella.
— No se como, o en que momento precisamente, pero comencé a sentir por ti algo muy fuerte, ya no solo era amistad, poco a poco me fui enamorando de ti, de tu forma de ser… y me deje llevar… te pido que me disculpes, solo soy una chica estúpida. De verdad lamento todo esto. Adiós.
Ana sale del hotel, Jonathan solo se queda parado mirándola irse.
— ¡taxi! — grita Ana.
Uno se detiene frente a ella, cuando se dispone a subir escucha Jonathan llamándola.
— ¡Ana! ¡Espera! — grita corriendo hacia ella. — Ana, no te vallas — le dice.
Ana solo baja la mirada.
— Ana, quizás este loco, ¿si? Quizás confundido o idiota…quizás haya perdido la cabeza… pero, creo que yo también siento algo por ti.
Ana lo mira.
— Me negaba a creer en lo que sentía, ya sabes…. Pero… cuando me besaste hace un rato… fue como un golpe que me hizo darme cuenta de que también me gustas.
— ¿no lo dices solo por hacerme sentir mejor? —pregunta.
— Vamos, ¿crees que diría algo así, si no lo sintiera? — le pregunta.
— ¿Srta. Va a subir? —pregunta el taxista.
— He… yo…. — balbucea ella.
— No, yo la llevare, caballero; puede continuar — agrega Jonathan.
El taxista se va.
— Se que esto comenzó de una forma muy rara, nos conocimos, nos hicimos colegas, amigos… poco a poco yo comencé a sentir algo por ti, al comienzo no sabia muy bien que era, no había sentido eso jamás, no sabia si era costumbre, o empatía… pero después me di cuenta de que no me quería alejar de ti, y el pensar que pronto… pronto ya no nos veríamos más, me asustaba. Pero no sabia si tu sentías lo mismo. — le dice parado frente a ella y mirándola a los ojos.
— Yo… sentía exactamente lo mismo, tenia miedo…
Antes de que ella terminara la frase, Jonathan la toma de la cintura y le da un apasionado beso que Ana corresponde.
— Sabes que estamos locos, ¿no? — le dice el.
— Si, y no me importa en lo más mínimo. — contesta ella abrazándolo
— ¿Quieres que entremos y terminemos la noche?— le pregunta.
— Si, pero quiero seguir abrazándote un rato más. — dice ella sonriéndole.
Unos días más tarde.
Casa de la señora Claudia, 6:00PM.
EL teléfono suena.
— ¿Hola? — Contesta Claudia.
Era el fotógrafo.
— Soy yo, señora, su esposo acaba de entrar en un hotel Royal Chameleon con la chica de las fotografías.
— Entiendo, ¿hace mucho entraron? — pregunta.
— No, acaban de llegar, los he seguido en un taxi.
— Entiendo —
—creo que es el momento perfecto para que los encuentre infraganti, señora ¿no es lo que quería?. — le dice.
— Si, esos 2 me van a escuchar. Espérame ahí, llegaré en unos 20 minutos, infórmame si es que salen, aunque no creo. — le dice corta.
Rápidamente Claudia le dice a su chofer que prepare la camioneta, que tienen que ir a un lugar muy importante lo antes posible.
Mientras el fotógrafo se dispone a enviarle al celular de Federico unas fotografías de Ana ingresando al hotel con Jonathan. Y un mensaje que decía “Tu noviecita Ana, ingresando a un hotel con un tipo en estos precisos momentos ¿no harás nada? Se encuentran en el hotel Royal Chameleon no me crees compruébalo por ti mismo” y firmaba como “un amigo”.
Al recibir el mensaje Federico no lo podría creer.
— Esto debe ser una broma. Ella me dijo que iba a ir con unas amigas a terminar unos proyectos… no creo que ella… ella no me engañaría… esto debe ser una broma de alguno de mis estúpidos amigos, si, esto debe ser un montaje o algo así… — saca su celular y marca a Ana. —… ¡ocupado!...ella nunca apaga su celular…
Federico entonces consumido por la duda y la desesperación decide ir al lugar a confirmar con sus propios ojos que estaba sucediendo.
La primera en llegar al lugar fue Claudia.
El fotógrafo quien la ve venir desde una cafetería llama por teléfono.
— ¿Sr. Mendoza? — dice por teléfono. —…su esposa acaba de entrar al hotel. El muchacho aun no aparece.
— descuida, estamos seguros de que el aparecerá. —se oye que dice en el teléfono.
— De acuerdo, esperaré.
Claudia ingresa y en recepción pide el numero del la habitación donde esta hospedado su esposo.
— Habitación 56 en el 3er piso, el señor Mendoza me dijo que la estaría esperando. — le dice a Claudia.
— No entiendo. — se pregunta muy extrañada por lo que acababa de escuchar.
— Si, me dijo que cuando llegara usted, su esposa, la dejara subir a su habitación. El la esta esperando. — repite.
— De acuerdo — dice y rápidamente se dirige al tercer piso. — ¿Qué demonios tramas? — piensa mientras entra al ascensor.
Unos minutos después Federico ingresa al hotel.
Se acerca a recepción.
— Disculpe…le va a parecer tonto, ¿si? —le dice al recepcionista — pero…—saca su celular y le muestra una foto de Ana. — ¿…esta chica, esta en este hotel? —pregunta.
— habitación 56 en el tercer piso, lo están esperando, joven. — le dice.
— ¿Qué? — Contesta muy confundido. — esto definitivamente debe ser una broma.
Entonces se dirige al tercer piso corriendo.
Fuera del Hotel, en la cafetería el Fotógrafo llama al Sr. Mendoza.
— El joven acaba de ingresar al hotel. — le dice.
— Bien, — contesta a través del teléfono. — gracias, por tu ayuda, ahora… tomate unas merecidas vacaciones, con lo que te dado puedes irte a cualquier parte del mundo.
— SI, eso haré, gracias, Señor. — le dice.
Corta y sale del Café.
Federico llega al tercer piso y se dirige a la habitación 56.
La puerta estaba de la habitación estaba abierta, Federico se asoma lentamente y al ir entrando se sorprende al ver sentada en la cama de la habitación a Claudia.
— ¿de que se trata esto… que haces tu aqui? —se pregunta.
Pero eso no era todo, lo que lo sorprendió.
La habitación del hotel estaba tapizada con fotografías de el y de Claudia en situaciones muy comprometedoras.
— ¿pero quien hizo esto? —pregunta.
— Ellos lo sabían todo. — dice Claudia quien estaba en shock.
— ¿Quiénes ellos? —le pregunta Federico mientras sacaba las fotografías de la pared.
— Mi esposo… y tu noviecita…de la cual nunca me dijiste nada… — le dice mirándolo muy enojada.
Federico se queda en silencio…
— Nunca mencionaste a Ana. — le recrimina.
— yo… es que no era importante… yo…
— ¡Ya cállate! — le avienta un sobre que decía “para Federico de Ana”.
— ¿Qué es esto? —pregunta recogiendo la carta.
— Es una carta de tu noviecita. también me dejo una Jonathan para mí. En ella me decía que desde hace mas de 2 meses tanto el como tu enamorada estaban enterados de lo nuestro, y que juntos habían planeado una venganza, su plan era que los encontremos juntos aquí, a los 2. Y eso no es todo… esos 2 nos han estado engañando al mismo tiempo que nosotros a ellos.
— ¿Qué quieres decir?, ¡¿Ana me estaba engañando con tu esposo?¡, ¡Eso es imposible! — exclama Federico.
— Te molesta mucho, ¿verdad?... ¿la amabas? —pregunta. — ¿acaso estabas jugando conmigo?...
— No, es que… yo… ¡Mierda! Me siento… me siento tan…
— ¿engañado? ¿Estúpido? No te imaginas como me siento yo.
Federico abre el sobre y saca la carta.
“Léela en vos alta, Claudia debe escuchar esto” decía en la parte superior.
— La leeré en voz alta, al parecer debes escuchar esto. — dice y comienza a leer.
— Mi querido Federico, es una lastima que esto haya terminado de esta forma, quiero que sepas que yo de verdad te amaba, pero lamentablemente creo que tu no sentías ni la mitad por mi, en estos momentos debes estar sintiéndote como un idiota al saber que los 2 hemos estado jugando a los mismo, dándonos amor, cariño y a nuestras espaldas amando, al menos en mi caso amando de verdad, a otras persona. Cuando me entere de que me eras infiel me hiciste sentir como una estúpida, pero debo aceptar que gracias a tu sinvergüencería y falta de escrúpulos me diste la oportunidad de conocer a alguien muy especial; me refiero al Jonathan, el esposo de tu Amante. Lo que comenzó como un juego para vengarme de ti terminó convirtiéndose en amor, amor de verdad. El plan inicial era confrontarlos cara a cara, decirles que son unos malditos mentirosos, pero decidimos no verles las caras nunca más. En estos preciso momentos Jonathan y yo estamos tomando un avión, nos vamos lejos, a disfrutar de nuestro amor. Tú puedes hacer lo que quieras, Federico. Puedes continuar con Claudia, o buscarte a otra, aunque después de que Claudia se entere que tu tenias una novia y que la estabas de algún modo engañando, no se si ella sea tan… estúpida de seguir contigo... Ahora me despido de ti para siempre, deseándote lo mejor, Federico, y gracias ya que de algún modo eres el que causó esta felicidad que siento ahora al esta con un hombre de verdad que me ama y no con un chiquillo estúpido que no supo apreciar mi amor. Adiós… y por cierto, dile a Claudia que Jonathan le ha enviado a su hija una copia de todas las fotografías…de ustedes.
— ¿¡que!? — grita Claudia ¡No puede ser! ¡¡¡Malditos!!! —grita.
— Cálmate, Claudia — le dice acercándose a ella.
— ¡No me toques! —le dice y lo empuja. — ¡eres un estúpido! ¡Un chiquillo estúpido! —Comienza a llorar— ¡no puedo creer lo que esta pasando! —dice arrugando el sobre que traía en la mano.
— se que estas muy alterada, pero..
Claudia lo interrumpe.
— ¡Lárgate de aquí en estos momentos, Federico, no te quiero ver nunca más! ¡Lárgate! — le dice muy enfadada y mirándolo con odio mientras se tira a llorar en la cama de la habitación.
— De… de acuerdo…— dice Federico y sale de la habitación.
Por otro lado.
En el aeropuerto de la ciudad.
Ana y Jonathan se dirigen a abordar su avión.
— ¿Estas segura de esto? —le pregunta a ella.
— Si, lo único que quiero en este momento es estar a tu lado y olvidarme de todo lo demás.
— Entiendo como te sientes. — la besa — pero sabes que tendremos que regresar en algún momento.
— Lo se, pero ahora no quiero pensar en eso.
— Tampoco yo, ahora solo me importas tu… te amo, Ana.
— también te amo, Jonathan.
Ambos se pierden entre la gente en el aeropuerto, dispuestos a viajar, olvidar los malos momentos que han pasado y comenzando una nueva vida juntos.
Fin.
Martes, 25 de enero del 2011


Escrito por: FranckPalaciosGrimaldo (2011-01-30)


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