Esperanza


Mi día fue un poco complicado, solamente pensaba en ella, me llamo a las 8:15 AM, yo estaba trabajando así que no pude atenderla, cuando vi su llamada perdida en mi celular sonreí, después de 2 años todavía sentir ganas de verla es algo increíble, cosa que no me paso antes con ninguna otra, me gusta, me gusta entera, me gusta mala.

Ella es mala y eso me encanta, ella está tatuada, ella toma whisky añejo, ella tiene una forma de caminar por la habitación especial, ruda, rebelde, única, la admiro realmente, ya que se hiso sola y es una de las cosas que más respeto, no se parece a nadie y nadie se quiere parecer a ella, tiene el pelo muy negro y es muy blanca, sus ojos son obscuros y parecieran tener un mundo inmenso de nubes, nebulosas y estrellas dentro de ellos, puedo ver una galaxia entera con solo mirarla a los ojos; ella es tímida, es muy expresiva gracias a eso pinta, dibuja, escribe y toca la guitarra, a veces canta, sé que tiene talento para eso, pero le da vergüenza no le gusta mucho su voz, también tiene un gesto que me fascina, cuando se avergüenza de algo me mira tímidamente con la cabeza un poco gacha mientras se lleva la mano a la boca, luego cuando su mano hace contacto con sus labios, su mirada baja al piso, luego repite, nunca me había gustado el gesto de alguien, en fin, ella lo es todo para mí.

La conocí un día de febrero, hacía mucho calor, es amiga de la novia de un amigo, en ese tiempo era “la nueva” novia de mi amigo, cuando la vi no tuve más nada que decir, fue un verdadero shock, no sabía qué hacer en ese momento, ella me ignoraba.

Paso un tiempo para que me acepte una salida, parecía ser mi única oportunidad así que la aproveche al máximo, siempre fui un tipo tímido y me preocupo mucho por los demás, a tal punto que me olvido de mí mismo, pero esa vez fue diferente, como un perro en la autopista me arroje a la suerte y fui yo mismo, esa fue la mejor decisión que pude tomar.

Yo por otro lado soy diferente a ella, estoy tatuado, tomo cerveza, tengo una forma de caminar corriente, no tengo la capacidad de hablar fluidamente y eso me ayudo a expresarme por otros lugares, quiero ser escritor, es mi pasatiempo, pero secretamente quiero que sea mi vida, quiero que ella este orgullosa. Yo también toco la guitarra, así que algunas noches tocamos por horas, apagamos las luces y tocamos, solamente vemos la puntilla roja del cigarrillo de marihuana que fumamos entre los dos, es más que intenso, es diferente, es genial.

Desde que cambie de trabajo no puedo escribir, hace casi dos meses que no puedo terminar con las historias que tengo, todas por la mitad, no me inspira momentos, no me atrae.

Hace poco yo era taxista, pero por unos incidentes con el alcohol me echaron, ahora trabajo en una fábrica textil, diez horas, pero el sueldo lo vale, cuando trabajaba en las calles cada día era un capitulo diferente para el libro que tenía en mi cabeza, la gente que subía, las situaciones que se veían en la madrugada y las historias de los pasajeros eran una hoja más de mi libro a medio escribir, en cambio ahora todos los días son iguales, hasta veo la misma gente viajando en colectivo, los mismos a la ida y también a la vuelta, como el capítulo repetido de alguna serie barata que pasan a la una de la noche en canal 9, como los domingos que uno pierde durmiendo, como los años y los países.

Estoy solo en el departamento esta noche, escuchando música clásica y escribiendo en mi computadora, como loco, como desatado, había encontrado finalmente un poco de inspiración que entraba por la ventana, y estaba dispuesto a exprimirla, con el fresco aire de lluvia de la tarde, pero ahora es de noche, afuera está fresco y se escuchan tiros, estoy en calzoncillos sentado en la silla, la habitación es un desastre, las botellas acumuladas en todos los rincones, las moscas revolotean sobre la mesa, sobre los platos sucios, con el cenicero lleno prendo otro cigarrillo y tiro las cenizas al piso, caen y se acumulan a mi lado, listo… no puedo escribir más, necesito sacar toda la mierda que llevo dentro, tomo la guitarra mientras miro por la ventana, comienzo a tocar los acordes mientras pienso en la cuidad, estoy en un segundo piso de mierda, en un barrio de mierda de capital, los vecinos son odiosos y como en todos lados, nos odian, son las diez de la noche y no tengo sueño, necesito terminar ese texto, siempre me pasa lo mismo, cuando guardo los textos para terminarlos luego no lo hago como al principio quería, es extraño, pienso en ella mientras apago el cigarrillo en el piso, miro el cielo por el balcón, esta color violeta, salgo al balcón, no hay nadie en la calle, siento la necesidad de algo que no entiendo que es, no lo puedo resolver, menos aquí sentado en mi puta silla, voy a salir.

Tome mi campera negra, me puse los pantalones y la capucha, Salí a caminar por el Parque Lezama, en estos años el parque ha cambiado de una forma radical, antes tenía policías a estas horas de la noche, ahora es un nido de rateros, ladrones y violadores, creo que eso me animara, a la vuelta hay un quiosco coreano que vende cerveza con la persiana baja, voy por una y me siento en el parque, en lo alto a ver qué pasa, más bien a ver, quien pasa y que le pasa, seguramente será interesante, las sirenas pasan lentamente por los alrededores, debido a las denuncias continuas, la mayoría provocadas por adictos del barrio, la pasta base consumió a toda una generación, esto parece Hiroyima, son como zombies, como criaturas de la noche que buscan un medio para conseguir lo que quieren, algunas se prostituyen, otros roban, otros ratean, otros suplican y los niños se prostituyen por igual, la gente pasa por la mitad de esta especie de trampa de lobos como si no lo supieran, un tipo alto con un traje pasa por el iluminado sendero, los adictos atacan, pidiendo monedas, sale un pibe, no debe pasar de los 17 años, con la ropa rotosa, en remera, esta lloviznando, y realmente perdí la noción de lo que hago aquí, al alejarse el tipo, salen otros tres pibes más que lo comienzan a correr, parecen no tener ni siquiera un poco de razón como para tener algo planeado, no lo logran alcanzar están demasiado drogados, vuelven a las sombras como pequeños personajes de cuentos mitológicos, asechadores, depredadores.

Prendo un poco de marihuana, ellos no me ven, estoy en lo obscuro tomando mi cerveza bajo la suave y fresca llovizna nocturna, fumo y observo, los miro son interesantes, es duro ver en lo que nos podemos llegar a convertir, como una substancia nos derrumba y nos convierte en criaturas prehistóricas, zombies 2011, ya están entre nosotros, me largo de aquí.

Daiana debe estar por llegar a casa, caminando por el viejo barrio de San Telmo pensando en ella, como siempre, me tropiezo, con tres tipos dándole una golpiza a un extranjero, los extranjeros se notan a leguas, siempre tienen la cámara colgando, zapatos y pantalones beige, estaba en el piso tirado, los dos tipos lo golpeaban a patadas limpias, seguí mi camino. Tendría que haber limpiado un poco, Daiana se va a enojar, con las manos en los bolsillos camino lento, nada me motiva, nada me agita, creo que verla a ella será bueno, siempre es bueno, llegando a el departamento, llego a la puerta y me saco los zapatos, no la veo por ningún lugar, estaba en la cama acostada, lentamente me acerco a la cama y me acuesto sobre ella, se da vuelta, me da un beso y sonríe, vuelve a su pose original, tiene sueño, mañana es otro día de trabajo, quería hablar con ella, pero no voy a molestarla, no se lo merece, yo por mi parte no puedo dormir, mi difunto padre me habían dicho una vez que con esfuerzo todo es posible en esta vida, nunca le creí, hace años que no se de ellos, mis padres, hace años que no se de mi hermana, pero me entere que soy tío, de una nena, se llama Agustina, tiene tres años y no me conoce, creo que el destino nos depara lo mismo, yo tampoco nunca me lleve con mis tíos, me duele la cabeza, aahrg.

La miro a Daiana como duerme, sentado en la punta de la cama, parezco un enfermo, y sé que lo estoy, al menos eso dicen todos, es raro como la vida te prueba, prueba tu inteligencia poniéndote barricadas adelante, algunas de ellas, pueden matarte, pueden frenarte o penden condenarte, hay que tener cintura, viveza, inteligencia, ella es todo lo que tengo, aunque últimamente está desapareciendo, ella es mi esperanza, de hecho ese es su apellido, Daiana Esperanza, hace meses que no tomo mis medicamentos, desde que me fui de casa, soy un tipo muy sensible, creo que demasiado, pero tengo la Esperanza aquí a mi lado, mejor ordeno el departamento antes que ella despierte.

La mediocridad que me genera mi trabajo es notable en la mediocridad de mis textos, pero prefiero ser espontaneo antes de no sentir lo que escribo, “Feel Free”, vivo bajo esa única regla, en el descanso me siento con mis compañeros ellos hablan sobre brujería, mujeres, el trabajo y más mujeres, yo los escucho, saben que no me gusta hablar cuando hay mucha gente, me entienden, a veces creo que soy la persona más cuerda del mundo, estando entre estos tipos, seguidores de sectas, evangelistas, adictos al juego o a las drogas farmacéuticas, a los calmantes, a los antidepresivos, pero como en todo lugar soy el tipo raro, ella no me mando ni un mensaje en todo el día, me pregunto qué habrá pasado… la extraño.

La tarde en casa es triste, es solitaria, escapo a la soledad, pero logra encontrarme, no me entretiene como antes, ahora me lastima, me hiere, me pesa, pero no se ira, por lo menos hasta que llegue Daiana, falta poco, debe estar llegando, me siento en la cama a esperarla, mientras leo mi libro “la inmensa soledad” de Frédéric Pajak es interesante, comienzo a leerlo, las paginas van pasando, las horas también, me siento más triste, ella no entra por la puerta, a veces hay días que ella no viene a casa, no me avisa, no me llama, parece no importarle, yo me deprimo, toco la guitarra, me deprimo un poco más, tomo los restos de ginebra que quedan en las botellas vacías alrededor de la casa, tristemente, me duermo, el fin de semana no se ve nada prometedor sin ella.

Desperté la mañana del sábado con mucha resaca, ella estaba durmiendo a mi lado, no la quise despertar, prendí un poco de marihuana y me puse a cocinar, hice dos platos de espagueti con salsa boloñesa mientras escuchaba a John Lennon cantando desde el grabador, hermosas melodías que invaden la habitación, ahora rozagante y limpia, la despierto, es el medio día, ella se levanta, y se sienta en la mesa, me agradece la comida, parece gustarle, amo cocinar para ella, es mi todo, es mi Esperanza.

Mi madre me llama por teléfono, hace semanas que lo hace, es la única razón por la que suena, no la atiendo nunca, pero esta vez quise cortar el lazo de una vez por todas, decírselo en la cara, o más bien boca a oído, tome el teléfono con el tenedor todavía en la mano, dije:

- ¿Hola?

- Hola hijo soy yo - en efecto era mi madre

- ¿Qué pasa?

- Quiero que vuelvas a casa, ¿cómo estás?

- Yo estoy bien, estoy alquilando, sigo en pareja, no necesito de nadie

- ¿Seguís en pareja? ¿Con quién? Todavía crees en Daiana

- Si madre ella está acá estamos viviendo juntos

- Hijo mío tenes que comprender, ella no existe, deja de imaginar, tenes que medicarte, ¿no lo haces no?

- No tomo pastillas, no creo en esas cosas, siempre me terminas mintiendo como hiciste toda tu vida, y si no te cae bien Daiana solamente tenes que decirlo

- ¡Daiana no exist….

Corte el teléfono, odio hablar con mi madre, siempre tiene algo para criticar, de repente, me sentía muy mal, me dolía la cabeza, comenza a gritar un poco, luego fue más intenso, al igual que mis gritos, me arrodille del dolor, agarrándome la cabeza, los vecinos golpeaban la puerta, caí al piso retorcido de dolor, Daiana les abre la puerta pidiendo ayuda, los vecinos me toman de los hombros, siento que las venas de la cabeza me van a estallar, me desmayo.

Desperté a la tarde de ese mismo día en el hospital, mire el techo, un techo desconocido, mi cabeza llena de vendas, podía sentir la sangre fluyendo lentamente, me daba placer, sentía tranquilidad, veía todo más claro, no estaba tan triste, me sentía como una persona común, corriente, tirado en la cama de ese hospital mi corazón latía a un modo normal, como cuando era un niño, mi madre entra por la puerta, con un vaso de plástico lleno de té, me mira, sus ojos se ponen llorosos y me abraza, no puedo hacer nada para evitarlo, no tengo fuerzas ni para resistirme, la miro con desprecio, le pregunto, que paso.

Me dice que los vecinos me llevaron al hospital y la llamaron, que la puerta estaba abierta, que me había dado un ataque solo en casa.

- Pero Daiana estaba en casa, ella fue las que le abrió la puerta, al propósito ¿Dónde está ella?

- Hijo, te encontraron solo en casa, no existe esa chica, vos estas enfermo, tu cabeza te juega malas pasadas.

- ¡cállate!, ¿me vas a decir que mi mujer no existe?, ni siquiera la conoces

- ¡No la conozco por que no existe!

- Sos una estúpida, mira voy a llamarla al celular

Mi madre me alcanza el celular, marco el número, lo sé de memoria, 1165110621, marca, marca, me atiende el contestador, eso es raro, no puede ser, el miércoles tenía una llamada de ella, debe estar trabajando, siempre lo apaga cuando trabaja

.

- Fíjate bien el número, búscalo en tu celular –dice mi madre

Era mi número, pero no puede ser, estoy seguro que ese número era de ella.

- ¿Cuándo la conociste? – dice mi madre

- En febrero, no recuerdo bien el día

- Cuando es su cumpleaños.

- No lo sé, ella es muy reservada a veces

- Donde trabaja

- No lo sé.

- ¿No te das cuenta hijo? Tu esquizofrenia te llevo a eso, a crearla, no sé de donde la sacaste pero es así.

- ¡cállate, no es verdad, ella es todo para mí, ella me salva!

- ¡¡ella no existe!! los meses que te escapaste de casa la creaste, por tu soledad, no recuerdas nada sobre ella, solamente lo que te imaginaste, necesitas tomar tus medicación, ¿no te sentís mejor ahora?

La corrí a un lado y salí corriendo de ahí, busque mi ropa, me cambie en el baño y me fui a casa, la tenía que encontrar, no podía ser verdad, ella era real no importa lo que digan los demás, ella es mía, ella existe, la voy a encontrar, camino a mi departamento voy caminando solo, mi madre seguramente me encontrara, necesito encontrarla rápido encontrarla e irnos de acá, lo antes posible, llego al departamento, no estaba allí, no sabía dónde empezar a buscar, realmente no sabía nada de ella, busque sus cosas que siempre debajo por ahí, sus púas, sus libros, su ropa, accesorios, cualquier cosa, algo.

Busco debajo de la cama, encuentro unas hojas de papel, escritas, por mí, las escribí hace varios meses, los leo, son cuatro hojas, se trata de una chica llamada Daiana, su apellido es Esperanza, vive en Vicente López, es una música que trata de salir adelante, toda una artista, escribe, pinta, a veces canta, pero no lo hace a menudo por que avergüenza su voz, tiene veinte tres años.

Sentado en el piso de mi departamento, con las lágrimas cayendo por mis pómulos, tratando de entender que hace meses que alucino con la mujer perfecta, con la que yo mismo cree y le di vida, con esa que era todo mi mundo, ahora no lo tengo, los medicamentos la hicieron desaparecer, los odio, odio lo que me hacen, mi madre entra en la en el departamento, mientras me estoy llendo por la esquina, no me vio, me alejare, hasta que ella aparezca de nuevo, no soporto esta soledad, está mal llamada realidad, yo hare mi propia realidad, no me importa vivir en la locura si me hace completamente feliz, aun si me saca la vida, con su suave y adictivo sabor, sea como sea la llevo en el corazón, más bien en el bolsillo de mi pecho, junto a mi corazón.

Voy buscando en la basura, unos labios que me digan “esta noche quédate”

Nec


Escrito por: nec (2011-09-16)


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