Sepultada


<<A través del tragaluz puedo contemplar el brillo de la luna. Esta noche lo hace de una manera muy especial, se deleita de mi impotencia. ¿Cuánto más tendré que esperar? No sé cuánto aguantará la venda, a través del sucio lino observo el pus amarillento supurar por cada arruga. Inmóvil. He perdido toda sensibilidad, hasta tal punto que las piedras a mi espalda han dejado de pinchar. Tengo la garganta desgarrada, enmudecida, asfixiada. Ya no puedo ni gritar tu nombre, sólo sale por mis labios un leve y agudo gemido. >>

A través de los árboles varias linternas se abren camino. Un hombre con barba larga encabeza la marcha. La noche cerrada esconde tras sus sombras los ásperos siseos de las lechuzas. El grupo avanza en silencio, callando lo que en verdad todos están pensando, pero nadie se atreve a decir.

-Es tarde, quizá sea mejor dejarlo para mañana –el adolescente miró al hombre con gesto contraído, viéndole apagar un chillido desesperado.

-No, mañana será tarde –todos se quedaron mirando a la mujer de pelo blanco, sin atreverse a contradecirla. Cómo podrían después de todo lo ocurrido.

Reanudando la marcha continuaron acelerando el paso. Las palabras de la anciana hicieron que comenzaran a pensar en lo peor.

<<El sueño empieza a dominarme. Nunca imaginé que pudiera acostumbrarse al constante y punzante dolor, pero tras tantas horas de agonía empiezo a sentir una ligera liberación. Tumbándome de lado siento crujir la sangre reseca en los muslos, y como un detonante las imágenes estallan en mi cabeza. ¿Por qué fui? Recuerdo tu tarjeta. Tus palabras fueron las que me hicieron salir corriendo. Ahora no importan>>

La anciana se detuvo en seco llevándose las manos a la boca. Todos se la quedaron mirando paralizados. El hombre de barba larga limpia con el dorso de la manga el sudor que le resbala por la frente, disimulando.

-¿Por qué te detienes Maarhan? –le pregunta a la mujer que se ha dejado caer de rodillas. Incapaz de contestar. A través de sus ojos se refleja el espanto de lo que acaba de averiguar. El hombre comienza a llorar como un niño, dándose cuenta que ya no hay nada que puedan hacer. Enfrentándose al mayor golpe, admitir lo que durante todo el camino había intentado negar.

-¡Tú tienes la culpa! –grita al joven que a sus espaldas muestra el mismo desconsuelo.

Acercándose a él alza el puño cerrado cargado de venganza. Culpándole de su pérdida. Pero dejándolo caer rompe en un llanto.

<<Casi no puedo respirar. Un manto de tierra ha caído sobre mí, ocultándome en una tumba repentina, anticipándose a mi destino. La polvareda se cuela por los orificios nasales llegando hasta mis pulmones. Los ojos casi cerrados dejan escapar una lágrima que pronto se transforma en una pequeña bola de barro. Maarhan, si puedes oírme abandona la búsqueda, ya no hay nada que hacer. Mira a mi padre a los ojos, él sabrá lo que significa. Y a él, a él no le digas nada, simplemente que no se sienta responsable. Que no huía de él, sino por él. Para que no se arrepintiera de lo que estaba a punto de hacer, para intentar hacerle comprender que no podía abandonarme, que no podía abandonarnos>>

Escrito por: Donocoe (2010-07-13)


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1  
Es como parte de un relato mayor. Está perfectamente narrado pero me quedé con deseos de leer mucho más. Un abrazo. Magda

2  
Sobrecogedor...

También sentí deseos de leer mas... happy

Gracias por compartirlo.


3  
muchas gracias!!

4  
A mi parecer, lo veo bien, no le falta nada. Tú estilo tiene un aire igual al mío, lo digo por que también tengo la costumbre de describir todo muy afondo, hasta lo más simple. Espías al personaje y te metes en su mente, en sus percepciones, y lo describes con gran soltura y precisión. Un placer leer...





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