EL CUERVO ALBINO CAPÍTULO I


EL CUERVO ALBINO

“Mostrar la luz a las aves nocturnas es ocultársela, puesto que las ciega y se convierte para ellas en algo más oscuro que las tinieblas”.

Nunca olvidaré mí juventud en Nueva Creek. Pero del viejo Creek todavía evoco mis estampidas como de toro; cuando aun las calles eran de polvo y yo vestía con pantalones cortos. Antes de que fuese inundada la comunidad y hecha la represa hidroeléctrica. Todo el viejo Creek me hipnotizaba con sus techos e iglesias como un ojo con gotas de sangre. Los vitrales me estremecían, también el sonido de las campanas y los aguaceros que nos sermoneaban sobre la terraza. Así como el olor del agua al rozar la superficie de la tierra. Líquido que más tarde quitaría una vida en mi familia. Líquido causante de la inundación de nuestro sótano. Líquido que se aferrara a mi cuello como una compresora…

1990 campamento a las orillas del lago.

El lago descansaba sobre lo que fue el viejo Creek. Yo acampaba entre los árboles a las orillas de sus aguas. Hacía ya cuatro meses que la ciudad estaba sepultada. La luna se percibía sobre su superficie y las luces eran como bugías que parpadeaban a lo lejos; mescladas con el calor del clima. La noche pronto terminaría y me esperaba mi casa. Mi fastidiosa casa, en donde nada pasaba excepto ser encerrado con mi hermano que padecía de retardo mental; y exponerme a su metralleta de preguntas. La situación era más bizarra y divertida, semejante a la película del barco de Porky.
Mi lugar preferido de la casa era la sala de “arte” como lo llamaba mi mamá. La cual aun hoy está cargada de pinturas macabras. Pinturas violentas, enérgicas, pero de gran belleza. Dos payasos gemelos de un metro y medio de estatura que descansan debajo de un dosel con estrellas doradas, o una calavera envuelta en un cendal de sangre con dos sombras en las cuencas de sus ojos, adornan la sala. También un hombre obeso dentro de una tina con agua, manzanas, un cigarro y moscas en sus brazos; o un niño con una camisa de piel pegada a su cuello con hilo. Como el monstruo del Dr. Frankenstein.
¡A puñetera vida la mía! Que dolor de bolas. Como si la realidad y la ficción se unieran para hacerme pasar un mal rato. Que dolor de bolas no saber si mi madre (o Cristina como yo la llamaba) iba a estar de mal humor para atenderme con una cuchara de madera y resquebrajarla en mi cabeza. Que dolor de bolas que me llamara idiota mecánico, oficio que ella misma me había buscado en el taller de Pepe. Que dolor de bolas no poder darle un jodido abrazo. Que dolor de bolas ser golpeado por mi mamá y por mi hermano mientras suplicaba ayuda. Asistencia que nunca llegó. Recuerdo refugiarme dentro del ropero e imaginarme que era un hombre de piernas largas que atravesaba las fronteras dando saltos hasta refugiarme en otro país. Del cual, después llegaba hablando portentos. Conseguí distraerme por algunos años pero las agresiones cobraron vida. Al otro extremo de la cuerda. Ya hacía mella en mí los adjetivos de “imbécil” “te ha de ir muy mal en la vida” “el excéntrico”, etcétera. Por lo bajo hablaba conmigo mismo...
El campamento y la noche terminaron su concatenación, con la típica promesa de volverse a unir en unos meses. Miraba (el sol) las telas de la tienda de acampar pintarse de aurora, aturdido, consideraba quien sabe que cosas. Casi espiaba. Al parecer, sólo le incumbían mis movimientos que soslayaban sus rayos. Se movió de mi camino como un gigante. Si. Parecía enfadado. Si no gozara de fama de cobijarnos a todos por igual, diría que me negó su calidez.
Tardé una hora en regresar a mi casa. Tenía la sensación de estar siendo observado desde que puse un pie en el portón de nuestra propiedad (aun la considero como tal). Serenándome salude a mi madre que me veía por las celosías de su habitación. Me acompañó con su mirada hasta que me perdí de su radar. Se conocían como los ojos inquisidores. En ningún momento dejaban de aterrarte. Al abrir la puerta dejé la tienda de acampar en la entrada de mi casa y me senté en el sillón.
Casi no regresa –dijo Cristina al verme sentado en la sala.
Cafi no regesa –dijo mi hermano con su tonillo inocente.
Caminé despacio –dije evitando hacer contacto visual con mi madre.
¿Tiene hambre? –preguntó Cristina.
Tengo un hueco en el estomago –respondí mientras me recostaba en la silla para encender la televisión.
Dejé el control remoto sobre la mesita de la sala y me llevé las manos a las rodillas. Mi pantalón bermuda ostentaba unas rasgaduras un poco graciosas, aspecto típico de un joven aventurero. El calor, sin embargo, que llama al calor. Hacía arder mis piernas como si tuvieran fiebre.
Para cuando estuvieron hechos los huevos fritos, y las salchichas al horno, Alicia hablaba por teléfono con mi tía. La mesa fue servida por mi hermano. En palabras de moda, “trabajo infantil”. Nunca soporte ver a Ariel (mi hermano) de sirviente. Por eso me limite a comer las salchichas.
Cristina terminó de hablar por teléfono y me miro con ojos de madre bondadosa. Casi, notaba que estábamos ahí.
Mi hijito precioso –dijo mi mamá y viéndome río.
Votó lo huevos en el basurero y me defendió de las acusaciones de mi hermano.
Míreo Cristina –dijo mi hermano de nuevo- no se comió os huevos.
Que muchacho más necio –dijo mi mamá y se puso de pie- le voy a volver la boca al culo para que deje de estar de chismoso. Se volvió hacia mí y había dejado de sonreír (talante poco conocido en ella) quizá, por completo.
Me puse osado y con autosugestión, dije:
Déjelo en paz.
Pescó uno de mis cabellos del final de la nuca y sin mirarme me acarreó hasta el sótano. Su mirada era opaca como si estuviera ciega. Mientras tanto, la alegría de unos minutos abandonaba la casa como un espejismo. Dentro del sótano todo estaba en penumbras; también hacía una briza que me recorrió el espinazo. Ariel se distrajo sorprendiendo a patadas la puerta, que para entonces ya debía de estar cerrada con llave.
Aun escuchaba yo los golpes a la puerta por el lado de afuera. Cuando comenzó el terror. El terror, comenzó con el olor a pescado podrido y lombrices. Sabía que mis historietas de vampiros y fantasmas eran mentira. De vez en cuando hasta solía dormir en el sótano. Sin embargo, se percibía como cuando una sombra rozaba mi espalda y yo miraba en semicírculo por encima de mí hombro. En aquellos momentos, el olor disminuyó y redobló la fuerza de la briza. Los olores a pescado y lombrices desaparecieron rumbo, quizá, al pasillo. Era la peste, tal vez, algo en mi cuarto que ahora se movía hasta el pasadizo. Un niño travieso, al parecer, que había entrado por la ventana de mi hogar. Aquella realidad guardaba en su bolsa la sublimación y la negación. Que fue mí caso. El tenía la capacidad para hacerme profesarle asombro. Conservaba, por lo tanto, las facultades de forjarme el pensar que era un artista, que el asesinato no era nada malo, por el contrario liberaba a las personas del sufrimiento. Lo sé porque se introdujo en mi cerebro igual a un gusano que se incrusta por la sien. Encontró el camino hasta mi raciocinio y me hizo abrir la tubería de nuestra bodega. Tenía presente el propósito por el que estaba ahí. Entonces se asomó por la puerta del sótano y dijo:
Todo va a estar excelente.
Intentó encender la luz y encontró el interruptor, pero nunca pudo iluminar el sótano.
¿Está lloviendo? –preguntó el hombre con ironía.
Sin ningún resultado intentó encender de nuevo la luz. Entonces cerró la puerta y giró la llave.
¡Haaa! – dije y empujé al suelo lo que encontré al alcance de mi mano. Latas, destornilladores, escobas y una máquina de escribir.
La bodega, no obstante, vociferó, y noté que el nivel del agua ascendía hasta mis rodillas. Abatido, me senté en el último escalón a esperar por mi destino.


Escrito por: Rubinska (2010-07-24)


Ranking: 0.0/0


1  
Bantante bueno, hay algunos renglones, que a mi ver, los veo como echizantes, chispazos que atrapan y meten en la materia. Segiré...

2  
avui he celebrat el meu asrnervaii amb els companys de feina! Voliem fer-ho a casa perf2 el tema de cuinar era complicat x a 10 persones... Tinc una idea!! Encomanem una fideue0 al Matadero? Idea brillant una fideue0 deliciosa a molt bon preu!Super recomanable!!





Copyright HistorieSense © 2017