EL CUERVO ALBINO CAPÍTULO II


Capítulo II

El nivel del agua seguía su curso. Empujaba con más fuerza...
Después de quedarme inmóvil, escuché a varios metros de mí el sonido de un pájaro. Se me irguió la espalda, y el ritmo de mí respiración aumentó. Casi percibí mi resuello como el de alguien más. Ahora estaba a oscuras y solo escuchaba el ruido como de lluvia. El ruido del líquido en aumento.
Solté un grito de impotencia. Carecía de fuerzas para soportar por más tiempo el rumor del destilar.
Al ocaso de mis días se le unía el tormento de la jodida gotera. Luego la voz del viejo llegó hasta mí. En ese santiamén decidí zambullirme en el líquido y terminar con mis días.
Dos o tres veces el agua a modo de una anaconda se arrolló alrededor de mí cuello. A ratos me arrastraba. Dos o tres veces me habló. Fui incapaz de decir nada.
Organicé las fotos de mi vida delante de aquella máscara líquida, conservé los mejores momentos y me despedí de mi existencia. Detuve mi respiración, y di inicio a un nuevo ser.
Se logra escuchar cuando uno muere…-decía mi madre antes de acostarnos- cuando uno muere dicen que se logra escuchar como ramas de árbol que se despedazan a lo lejos.
Volví a escuchar la voz de Cristina: “como ramas de árbol”.
Y mostrándome a la nueva gnosis oculté mis colmillos con el gesto de un oso. En el disgusto del despertar, a la norma del desconcierto. Y con tristeza la voz de mi hermano hacía eco en el umbral de mi mente, cuando jugábamos a las carreras por las calles como toros, también llorábamos al caernos. Casi, me olvidaba de que el mundo de afuera tenía prioridad.
La llegada de la vida después de la muerte se había dilatado igual a una hembra que da a luz. La muerte que de ningún modo comenzaba con el respirar por primera vez ya había inundado mis pulmones. A continuación, delante de mis ojos, se escondió entre mis dedos gotas de agua del tamaño de una esferita. Eran como letras que se envolvían en mi piel ¿ate? glup glup me pregunté bajo el agua. Hasta que cayó sobre mi espalda una mano que me sacó.
El viejo se irguió y me levantó en el aire. Se metió la otra mano en el bolsillo.
Tranquilo carajillo –dijo el viejo- lo peor que le puede pasar es un martillazo en la sien y orto en la nariz. El viejo siguió su paso por las escaleras hasta quedarse en el último peldaño. Después se desvió por el pasillo levantando bruscamente lo que fuese mi vida.
Con estos dos me conformo –dijo el hombre a un cuervo albino que llevaba en una jaula.
Ahora sentó los dos cuerpos sin vida y comenzó a pintar sobre un lienzo. El pincel descargaba sobre la tela toda la pintura con aspecto de ser un dulce. Sabía su oficio eso era seguro.
Se abrió la puerta de la habitación, y Cristina asomó la cabezota.
Dos pinturas más para mi colección de arte –dijo sin ningún quebranto en su voz.


Escrito por: Rubinska (2010-07-28)


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Desde mi punto de vista como lector. La trama me pareció un poco oscura, roza ligeramente la inverosimilidad, (pero es tambien creible) El ritmo es mantenido, tube la sensación de leer algo de terror, (¿o gótico ?) no sabría decirlo. Por lo demás, tiene un cierto aire atrapante....





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